Uno, por decirlo claramente, se pasa bastante por el forro cuestiones teológicas fundamentales para otros aunque haya sido educado en la fe cristiana y tenga la firme creencia de que existe algo más que este mundo de mierda (algún día, si me pongo metafísico, explicaré porque lo creo), así que nunca le ha prestado demasiada atención a aquello que los más fieles creyentes denominan pecados capitales. Soy glotón, con lo que peco de gula; envidio a Sarkozy por zumbarse a Carla Bruni y a Adrien Brody por hacer lo propio con la Pataki, pecando así de envidía; me encanta dormir y rascarme las bolas sentado en el sofá, cometiendo el pecado de la pereza (no el grupo, claro está); me encantaría ser millonario y nadar entre monedas de oro como el Tío Gilito, con lo que cometo el pecado de avaricia; debo reconocer que a veces me sobro a mí mismo, pecando de soberbio, y , digamos que, si pudiera, me pasaría el día zumbando (como las abejitas no), con lo que estaríamos hablando de la lujuria. Pero creo que nunca he sentido ira.
Hasta ahora. Si, ya de por sí, el hecho de tener a los albañiles y fontaneros en casa no había logrado sacarme de mis casillas (no vamos a hacer chistes de Casillas y salidas a destiempo... por el momento), que por cierto, Señora Madre, por si tenía poco, empieza a rozar la neurosis paranoica con eso de que tenemos perdidas de agua por todas partes y nuestras tuberías deberían substituir a Concha Velasco en el anuncia de Tena Lady, una vieja amiga ha conseguido que de verdad siena rabia por primera vez en mi vida: la tele. Y no, la culpa no la tiene Telecirco y su manía de entrevistar a delincuentes, esposas de delincuentes y suegros de delincuentes, por no hablar de que no quieren que nadie ventile su mierda por el resto de medios en España. La culpa es de la publicidad.
A mí, que siempre me han gustado los anuncios bien hechos y con guiones divertidos (que no son pocos), por primera vez en mi vida me ha cabreado un anuncio. Y no sólo uno, no. Tres son los culpables. Y los tres son campañas institucionales, para más inri. ¡Qué se han gastado mi dinero para hacer esas mierdas! Bueno de mi dinero sólo lo que se va con el IVA, que de momento no contribuyo mucho más a las arcas del Estado. Lo cierto es que alguno de ellos incluso es pasable desde el punto de vista estético, y otro está bien en el fondo pero no la forma. El tercero no hay por donde pillarlo.
Pero comencemos por el primero. Supongo que ya lo habréis visto. Estéticamente es perfecto, buena banda sonora y geniales dibujos. Pero el mensaje patina un poco. Se trata de la campaña del ministerio de asuntos socials contra el maltrato infantil. Me explico, porque si no voy a quedar como un psicópata insensible que está a favor de que los niños sean maltratados y no es así; con los últimos sucesos que han pasado en nuestro país donde a una mujer quieren separarla de su hijo porque le metió una colleja y se estampó contra el lavabo, de forma totalmente accidental, cuando el crío era un cafre del quince que no hacía ni caso y se dedicaba a pegarle a la madre (a cualquiera de mi quinta y precedentes si hubiésemos hecho no nos hubieran dado una bofetada simplemente, sino que probablemente la manta de zapatillazos hubiese sido de aúpa), ciertos miembros de la política y la jurisprudencia se están volviendo locos y cualquier cachete lo considera maltrato. Tengo que advertir que a mí, Señora Madre me soltaba cuando me tenía que soltar, y no he salido tan mal creo, pero hoy en día, con tanta permisividad paterna, estamos creando una manada de cafres de cuidado, y seguro que a más de uno le vendría bien una manita de vez en cuando. El anuncio es este:
El segundo anuncio está muy bien en lo que propone, pero la forma lo pierde. Es el famoso anuncio de la campaña yopongocondon.com. Que estoy de acuerdo que hay que promover que la chavalería se ponga capucha, que luego van a peo y pasa lo que pasa, que hace tiempo que se olvidaron de la necesidad de taparse, pero de ahí a hacerlo a ritmo de hiphop todo con la letra O, cosa que podría haber sido absolutamente original si no lo hubiera hecho antes el gran Nach, consigue que no sólo el anuncio no resulte creíble si no que además resulta ridículo.
Por cierto, el plano en el que se ve de repente un búho disecado y algunas fotos ¿qué coño pinta? ¿Acaso decide ponerse la goma tras ver la foto de sus padres? ¿Sus padres se casaron tal vez de penalty por él y quiere evitar verse en la misma situación? Además si quieren hacer cosas como esa que aprendan del maestro (al que, por cierto, le copian alguna frase de la segunda estrofa en el anuncio).
Y por último uno sobre el que sólo diré una cosa tal y como la diría Nelson: ¡HA HA!
Si es que no aprenden...
Aún así, sigo opinando que hay un personaje en la publicidad en este país que debería haber sido detenido y expatriado hace mucho tiempo. No digáis que no pensáis como yo:

Hasta ahora. Si, ya de por sí, el hecho de tener a los albañiles y fontaneros en casa no había logrado sacarme de mis casillas (no vamos a hacer chistes de Casillas y salidas a destiempo... por el momento), que por cierto, Señora Madre, por si tenía poco, empieza a rozar la neurosis paranoica con eso de que tenemos perdidas de agua por todas partes y nuestras tuberías deberían substituir a Concha Velasco en el anuncia de Tena Lady, una vieja amiga ha conseguido que de verdad siena rabia por primera vez en mi vida: la tele. Y no, la culpa no la tiene Telecirco y su manía de entrevistar a delincuentes, esposas de delincuentes y suegros de delincuentes, por no hablar de que no quieren que nadie ventile su mierda por el resto de medios en España. La culpa es de la publicidad.
A mí, que siempre me han gustado los anuncios bien hechos y con guiones divertidos (que no son pocos), por primera vez en mi vida me ha cabreado un anuncio. Y no sólo uno, no. Tres son los culpables. Y los tres son campañas institucionales, para más inri. ¡Qué se han gastado mi dinero para hacer esas mierdas! Bueno de mi dinero sólo lo que se va con el IVA, que de momento no contribuyo mucho más a las arcas del Estado. Lo cierto es que alguno de ellos incluso es pasable desde el punto de vista estético, y otro está bien en el fondo pero no la forma. El tercero no hay por donde pillarlo.
Pero comencemos por el primero. Supongo que ya lo habréis visto. Estéticamente es perfecto, buena banda sonora y geniales dibujos. Pero el mensaje patina un poco. Se trata de la campaña del ministerio de asuntos socials contra el maltrato infantil. Me explico, porque si no voy a quedar como un psicópata insensible que está a favor de que los niños sean maltratados y no es así; con los últimos sucesos que han pasado en nuestro país donde a una mujer quieren separarla de su hijo porque le metió una colleja y se estampó contra el lavabo, de forma totalmente accidental, cuando el crío era un cafre del quince que no hacía ni caso y se dedicaba a pegarle a la madre (a cualquiera de mi quinta y precedentes si hubiésemos hecho no nos hubieran dado una bofetada simplemente, sino que probablemente la manta de zapatillazos hubiese sido de aúpa), ciertos miembros de la política y la jurisprudencia se están volviendo locos y cualquier cachete lo considera maltrato. Tengo que advertir que a mí, Señora Madre me soltaba cuando me tenía que soltar, y no he salido tan mal creo, pero hoy en día, con tanta permisividad paterna, estamos creando una manada de cafres de cuidado, y seguro que a más de uno le vendría bien una manita de vez en cuando. El anuncio es este:
El segundo anuncio está muy bien en lo que propone, pero la forma lo pierde. Es el famoso anuncio de la campaña yopongocondon.com. Que estoy de acuerdo que hay que promover que la chavalería se ponga capucha, que luego van a peo y pasa lo que pasa, que hace tiempo que se olvidaron de la necesidad de taparse, pero de ahí a hacerlo a ritmo de hiphop todo con la letra O, cosa que podría haber sido absolutamente original si no lo hubiera hecho antes el gran Nach, consigue que no sólo el anuncio no resulte creíble si no que además resulta ridículo.
Por cierto, el plano en el que se ve de repente un búho disecado y algunas fotos ¿qué coño pinta? ¿Acaso decide ponerse la goma tras ver la foto de sus padres? ¿Sus padres se casaron tal vez de penalty por él y quiere evitar verse en la misma situación? Además si quieren hacer cosas como esa que aprendan del maestro (al que, por cierto, le copian alguna frase de la segunda estrofa en el anuncio).
Y por último uno sobre el que sólo diré una cosa tal y como la diría Nelson: ¡HA HA!
Si es que no aprenden...
Aún así, sigo opinando que hay un personaje en la publicidad en este país que debería haber sido detenido y expatriado hace mucho tiempo. No digáis que no pensáis como yo: