2 ago. 2009

Un, Dos, Estrés...

No sé si alguien lo había notado pero estamos en crisis. Una crisis acojonante de tres pares de gónadas reproductoras masculinas (para los de la ESO, cojones), de la que, según el gobierno saldremos el año próximo, según los expertos en cinco años y según la oposición nos llevará a un abismo de autodestrucción que derivará en el Apocalipsis y la venida final del Anticristo, dado el claro y evidente pasotismo del gobierno. Claro que según todos los indicativos económicos yo aún debería estar en paro, mendigando en las puertas de las iglesias y durmiendo con cartones por sábanas y estrellas por edredón. Pero va a ser que no.

Lo cierto es que llegó un momento allá por abril en el que realmente me planteé la mendicidad como forma de vida, ya que no me gusta el robo con asalto e intimidación, porque, aún siendo una forma más rápida de obtener beneficio económicos, entraña no pocos riesgos, y yo en la cárcel no duraba ni media hora. También pasó por mi cabeza dedicarme a la prostitución, pero dada mi dilatada experiencia en el terreno de lo sexual, me da que al final hubiese acabado pagando por tener clientas y eso, en un negocio que empieza, es sinónimo de futura bancarrota. Así que el trabajo que obtuve hace poco menos de un mes significó un alivio para mi cartera, mi cerebro y mi musculatura pélvica.

Pero eso sí, que agobio. ¿Qué dicen que hay crisis? ¡Los cojones! Esta semana he vendido una tarjeta gráfica de casi doscientos euros, un ordenador de más de mil doscientos y otro, comprado en sobre la marcha, por otros setecientos y pico euros. Por no hablar del resto de piezas, reparaciones y cosillas varias que la gente entra a pedir a todas horas. En total más de seis mil euros facturados en dos días para un total de casi sesenta mil en un mes. ¡Crisis! ¿Qué crisis? Si eso no es fomento del consumo...

Claro, que no todo podía ser tan perfecto. El cliente medio tiene la cochina manía de entrar a una hora determinada. El gran problema es que el cliente medio es en general una veintena de clientes y la hora de terminada es la misma hora para todos. Y si aún esa hora fuera a las diez de la mañana recién abierta la tienda no habría ningún problema, pero el cliente medio habitual entra a las dos menos cuarto y a las ocho menos cuarto, o lo que viene a ser lo mismo, cuando quedan quince minutos para cerrar la tienda. Y encima les sienta mal que bajes las persianas con ellos dentro para evitar que siga entrando más gente. Y además reparaciones que no se pueden atender mientras haya clientes en la tienda porque el mostrador no se debe quedar solo. Y por mucha crisis que haya la gente sigue comprando como locos. ¡Consumid, consumid malditos! ¡MUAHAHAHA!

Bendito estrés...

P.D.: Y por si faltase algo por eso de haber empezado a currar en julio me voy a tener que comer las fiestas de agosto en el curro (aunque viendo el cartel de conciertos de este año no sabría decir si eso es bueno o malo); menos mal que la Roà cae en viernes y el castillo de fin de fiestas en sábado. La putada es que no podré hacer la macrobarbacoa en mi casa la Nit de lÁlbà...