17 jul. 2008

Mitología (VI): Hefesto, el pringao

El nacimiento y juventud de Hefesto son algunos los pasajes más oscuros de toda la mitología. Primero está lo de su paternidad, ya que, para empezar, nadie tiene claro quién es su padre. Según algunos fue Zeus; según otros, Hera lo engendró ella solita, envidiosa de que Zeus hubiese hecho lo mismo con Atenea. Sea cual sea el padre (o sencillamente, no sea), sigue fallando el asunto de que Hefesto fuera el que abrió la cabeza de Zeus para que saliera Atenea, porque aunque el espacio-tiempo los dioses se lo pasen por el forro. Aunque diremos en descargo de los mitólogos que algunos dicen que fue Prometeo el que abrió la cabeza de Zeus en el parto (aunque me da que Prometeo hubiese preferido que la cabeza le estallara al jefe, así que lo descartaría, pero ya).

El nacimiento de Hefesto ya fue doloroso. La criatura era horrible, horrorosa, vamos, lo que se dice fea de cojones, y su madre al verlo, le dio tantísimo asco, que lo mandó de una patada al vacío desde lo alto del Olimpo. Después de estar cayendo durante nueve días enteros (cosas del espacio-tiempo y de no saber nada de la gravedad, claro está), se la pegó en mitad del océano, quedándose cojo. Allí fue recogido por Tetis y Erínome, que le salvaron la vida y lo criaron durante nueve años en la isla de Lemnos, donde comenzó a aprender el arte de la forja de manos de los cíclopes. Y allí se dedicó a forjar toda clase de joyas a las niñeras que lo habían cuidado tras el desplante de su madre, a las que amaba como si fuese su propia progenitora. Que madre no hay más que una, pero con Hera como madre...

Un buen día Hefesto decidió que ya iba siendo hora de regresar al Olimpo, y decidió hacer un trono de oro para su madre biológica y así congraciarse con ella. Pedazo gilipollas, pensaréis todos, encima de que le trató como a un perro el tío va y le va haciendo regalitos. ¡Ilusos! Hefesto, que era más listo que el hambre, preparó unos grilletes automáticos en el trono y, en cuanto Hera se sentó, el mecanismo se activó y atrapó a su malvada madre. El Olimpo en pleno se empezó a partir el pecho a costa de Hera, sobre todo Zeus. Pero nadie supo como soltarla, y Hefesto no iba a soltarlo así como así. Por lo tanto los dioses acordaron que Dioniso se lo llevara de farra, a ver si borracho soltaba prenda. Y Hefesto, que no toleraba bien el alcohol y enseguida se ponía besucón y cariñoso, acabó soltando a su madre, con la que al final se empezó a llevar bien. Porque recordad que fue el único que salió a defenderla cuando Zeus la tuvo colgando del Olimpo por haber intentado sacarlo del poder. Y le costó otra patada en el culo y otra enorme caída desde el Olimpo. ¿Para cuando una bonita barandilla que evitase esos "accidentes"?

Eso sí, el tío era un genio de la orfebrería y la ingeniería. Creó el escudo de Heracles, las armas de Aquiles, la corona de Ariadna, el rayo de Zeus (pero, un momento, ¿lo crearon los cíclopes? ¿qué os he dicho de la lógica y la normalidad en la mitología?). Pero lo suyo sobre todo era la robótica. Para empezar creo dos autómatas con forma de mujeres jóvenes que le ayudaban en la fragua, así como una serie de trípodes que iban y venían por la fragua colaborando en sus labores. También creó dos perros, uno de oro y otro de plata, que regaló a Alcínoo. Y su mejor, y a la vez peor, creación: Pandora. Pero está claro que no se le ocurrió lo de las leyes de la robótica de Asimov, porque la que armó Pandora contraviene completamente la primera ley...

Pero ahora vayamos con lo que nos interesa, mentes sucias. Uno de los requisitos que Hefesto solicitó para liberar a Hera fue que le concedieran a Atenea como esposa (pero,... va, ni me caliento la cabeza con intentar explicar nada sobre esto porque ya no tiene ningún sentido...), pero Zeus dijo que lo aceptaba si Atenea estaba de acuerdo. Y Atenea dijo que tururú, que ella seguiría siendo virgen hasta que las ranas criaran pelo y las ballenas cantasen por bulerías. Y Hefesto, que también estaba virgen, y muy necesitado, por qué no decirlo, se puso a perseguir a la diosa y llegó a cogerla y a punto estuvo de cepillársela cuando Atenea se desizo del dios cojo. Pero claro, el pobre que iba necesitadillo, no pudo aguantarse y se corrió (seamos claros, podríamos usar muchos eufemismos, como "se fue" o "se vino",... pero acabaría pareciéndome al Gobierno con eso de no querer decir "desaceleración grave de la economía", con lo fácil que es...). La mancha fue a parar al muslo de la diosa (y menos mal, porque si le hubiese caído en el centro del vestido sería como la Lewinsky), y asqueada e indignadísima se limpió con un trozo de lana y lo arrojó al suelo. De la tierra surgió entonces el monstruo Erictonio, que tenía cola de serpiente, y Atenea lo cuidó en secreto, hasta que acabó siendo monarca de Atenas. Y ahora nos preguntamos como un chimpancé acabó gobernando USA...

Después se casó con Afrodita, con la cornamenta que le supuso al pobre; también es posible que la cojera le viniese por la cornamenta, para equilibrar el peso. Y por supuesto no tuvo hijos con ella, aunque algunos dicen que Cupido es hijo suyo (pero, ¿no llegó Afrodita al Olimpo con Cupido? cosas del espacio-tiempo...). Pero el hombre tuvo hijos, porque hay mujeres que no se fijan en el aspecto físico sino en el interior (¿Dónde?). Con Etna (sí, el volcán italiano) tuvo a los Palicos, hermanos gemelos que le ayudaban en la fragua de Sicilia y que eran una especie de demonios terrestres de los géiseres y las aguas termales. Con la ninfa Cabiro, engendró a otro par de demonios, Alcón y Eurimedón, que le ayudaban en la forja de Lemnos. También tuvo una serie de hijos mortales (lo de mortales es porque casi todos murieron a manos de alguien): Caco, que murió a manos de Heracles, Cerción, al que mató Teseo, Perifetes, al que también mató Teseo, Radamantis, que era uno de los jueces de las almas de los muertos, y algunos más que llegaron a reyes, como Servio Tulio (Lacio), Filamón (Fócide) y Palamón (Oleno), aunque más que reyes parecían digimons...

Así que, a pesar de cornudo, el tipo también tenía su peligro. Bueno, como cualquier ingeniero que sueltas un sábado por la noche en una discoteca...

13 jul. 2008

Mitología (V): Afrodita, el furor uterino hecho diosa...

Afrodita, la diosa del amor y del sexo, no nació de un polvo. ¿Pero cómo es eso posible? os preguntaréis. ¿Recordáis que Urano era bastante libidinoso y que su hijo Cronos le cortó el cimbrel a petición de su madre? Pues, por lo visto, algo de potencia debió quedarle a aquel miembro seccionado, porque al caer al mar fecundó a la espuma marina y de ahí surgió Afrodita. Apareció flotando en el mar en una concha nacarada (no piensen mal los lectores argentinos, por favor), que le servía de cuna y transporte a la vez, y las Nereidas y Tritones, y el resto de criaturas marinas corrieron a ver la belleza de la diosa. En realidad corrieron a verla en pelota picada porque la mozuela iba en porretas y al sentir el roce del aire en su piel suspiró orgásmicamente de modo tal que se estremeció el universo entero. Entró bien en el mundo la moza.

El mar siguió meciéndola hasta llegar a las costas de Chipre, donde desembarcó finalmente de su concha. Se escurrió el agua de su larga melena y las Horas acudieron a su encuentro y se ofrecieron a ser sus preceptoras: una velaba sus sueños y la despertaba suavemente, otra le enseñó a arreglarse para volver locos a dioses y humanos (creo que se llamaba Llongueras), otra le traía alimento cada día y el resto le enseñaron cualidades humanas como ternura, prudencia, bondad, etc, lástima que los humanos las olvidaran. Pronto la Fama, mensajera de Zeus, proclamó por todo el Olimpo las excelencias de la nueva diosa y todos los dioses fueron a conocerla; los dioses por puro impulso sexual y las diosas por pura envidia. Afrodita apareció en el Olimpo acompañada por sus servidores Eros e Himeros (amor y deseo respectivamente). Su llegada al Olimpo fue como la llegada de los Beattles a Madrid en los tiempos de Franco y todos los dioses aullaron como perros en celo. No así las diosas (aunque Artemisa siempre me pareció de la otra acera y probablemente también aullara), que empezaron a hacer muñequitos vudú para putearla sin fin, especialmente Hera y Atenea, que si la hubiesen podido matar, lo hubiesen hecho. Hasta Zeus le tiró los trastos, pero entre la juventud e inexperiencia de Afrodita y su señora Hera prefirió echarse a un lado; siempre tendría tiempo para liarse con ella en el futuro. Así que decidió emparejarla en casamiento con Hefesto, el bonico del tó, para evitar posibles disputas en el Olimpo, que si ya tenía poco con lo que tenía acabó cargando con unos cuernos que ni el mejor de los Miura...

Y con lo buena que estaba no iba a tardar en ponérselos. El primero que apareció en su cama fue Ares, el dios de la guerra. Se presentó ante ella con toda su equipamiento militar, casco incluido y le dijo algo así como "tú, yo, kiki, ahora", que los militares, normal por otra parte, después de un tiempo de batallas están locos por llegar a casa y meter. Claro, la pobre Afrodita se asustó ante un ser tan brusco, pero en cuanto el guerrero empezó a despelotarse a ella se le quitó la tontería de golpe. Y se pusieron a procrear. Tuvieron tres hijos, Deimos, Fobos y Harmonía, que pasaron por ser hijos de Hefesto, que de tan bueno que era era tontísimo, porque el hombre iba por ahí regalando puros en el bautizo de las criaturas cuando todos tenían la mismita cara de Ares, hasta que un día se les hizo de día en la cama a la parejita y Helios los descubrió, y el muy cotilla del dios del sol corrió inmediatamente a contárselo todo al cornudo. Hefesto se cabreó y tejió un red de hilos de cobre tan finos que eran invisibles, pero completamente irrompible a su vez. Cuando Afrodita volvió a casa, contentísima porque había tenido cinco orgasmos seguidos o así, le dijo a su cornudo esposo que venía de unos asuntillos que había tenido en Corinto que la habían mantenido muy ocupada y Hefesto le dijo que se iba un par de días de meditación transcendental a Lemnos. En cuanto Hefesto salió por la puerta, Afrodita llamó a Ares para que fuera a su casa y cuando estaban en mitad de la faena la red se cerró sobre ellos, con lo que jode que te corten el rollo en mitad del polvo. Helios avisó a Hefesto de la captura y el herrero llamó a todos los dioses del Olimpo para que vieran a la parejita en acción. Alí se plantaron todos los dioses, mientras que las diosas, pudorosas ellas (aunque ya os digo que Artemisa capaz que entró), se quedaron fuera de la habitación. Todos empezaron a reírse de la captura, pero Apolo lo dijo a Hermes si no le gustaría estar bajo la red en vez de Ares, a lo que el dios mensajero le dijo que aunque fuese con una red muchísimo más fuerte, estaría dispuesto a sufrirlo con tal de un polvo con la diosa. También Poseidón le dijo a Hefesto que si decidía repudiar a Afrodita que él estaba dispuesto a ocupar el lugar de Ares, que soy yo Hefesto y como poco le escupo en la cara, vamos...

Pero Hefesto estaba loco por Afrodita (ya se sabe que tiran más dos tetas que dos carretas y, por lo visto, las de Afrodita eran equivalentes a dos trailers de 8 ejes...), así que acabó liberándolos y la pareja huyó cada uno por su lado. Afrodita tuvo entonces un rollete con Hermes del que nació Hermafrodito (que no es que tuviera los dos sexos desde su nacimiento, pero eso ya os lo explicaré). También tuvo lo suyo con Poseidón. Al parecer también tuvo una aventura con Dioniso, el dios de "sexo, drogas y rock&roll", con quien, al parecer por supuesto, engendró a Príapo, un niño horrible, pero con un rabo que ya quisiera Nacho Vidal y continuamente empalmado; tan grande la tenía que no podía consumar con ninguna así que al pobre no le quedó más remedio que dedicarse a los trabajos manuales, pasando a la historia como el inventor de la masturbación (ese si es un gran invento y no la penicilina...). Después, cabreada aún con el sofoco que le había provocado su marido (cuando el cabreo lo debía tener Hefesto, la verdad), se enrolló con Apolo y la suya parecía una historia de cuento, pero Apolo se encaprichó de Anfítrite y un día Afrodita se quedó esperando a su amado sin que este apareciese.

Al poco tiempo, la esposa de Cíniras, rey de Chipre, comenzó a chulearse de que su hija, llamada Mirra, era mucho más hermosa que la propia Afrodita. La diosa ofendida, sacó la Jenny que llevaba dentro, pero en vez de partirle la cara a la reina, hizo que Mirra se enamorara de su padre. Una noche la nena emborrachó a su padre hasta que no se diera cuenta de lo que hacía y se lo tiró; así durante once noches seguidas, hasta que la última vez el padre se dio cuenta e intentó matar a su propia hija por aquello. Ella, que se había quedado embarazada de tan incestuosa relación huyó hacia el monte e invocó a los dioses para que la protegieran, y estos respondieron transformándola en el árbol de la mirra. A los diez meses la corteza del árbol se abrió y apareció un bebé al que llamaron Adonis. Afrodita, arrepentida de su comportamiento vengativo recogió al bebé y se lo entregó a Perséfone sin dar más explicaciones. La reina de los muertos, una vez en el palacio del inframundo abrió el cofre, encontrando al bebé y decidió criarlo como si fuese su hijo, ya que ella no tenía ninguno con Hades. El nene creció y como era un veinteañero de los más apetecible, acabó en la cama de Perséfone, que también le daba a lo de poner los cuernos. Afrodita reclamó entonces al chaval, pero Perséfone la mandó a freír espárragos y le dijo que lo hubiese cuidado ella. Afrodita entonces acudió a Zeus explicándole el asunto y el jefe de los dioses dijo que si la pelea era por ver quién se cepillaba al mancebo que él pasaba del asunto, y le pasó el marrón de decidir quién disfrutaría de las artes amatorias del joven a la musa Calíope. La musa decidió que las dos tenían los mismos derechos sobre el muchacho y que él, además, tenía derecho a descansar de los requerimientos sexuales de ambas, así que se decidió dividir el año en tres periodos en los que el muchacho podría pasar de una a otra cama y a la tranquilidad de no tener que satisfacer a ninguna. Pero Afrodita se pasó el Fair Play por el forro del tanga y hechizó a Adonis para que renunciara a su periodo de descanso y para que faltara a sus citas con Perséfone. Ésta, despechada, acudió a Ares y le dijo que Afrodita pasaba mazo de él y que estaba con Adonis, con lo que el dios de la guerra se mosqueó, porque Adonis, además de mortal, perdía algo de aceite, así que Ares se convirtió en jabalí y destrozó a Adonis delante de Afrodita, sin que la diosa pudiera salvarlo. Para que aprendas a chulear al dios de la guerra...

Después Zeus picó a Afrodita para que se enamorara de Anquises, rey de los dárdanos y nieto de su antigua amante Ío, así que la diosa, que ante todo disfrutaba del sexo como una loba, fue a por el joven y lo sedujo, haciéndose pasar por una mujer frigia (no le falta ninguna "d", tranquilos). A la mañana siguiente Afrodita reveló a Anquises su verdadera identidad y el pobre se cagó vivo, pero la diosa le dijo que no se preocupara, que el hijo que habían concebido juntos se haría famoso. Pasó el tiempo, y en una ocasión que Anquises estaba de farra con unos colegas le preguntaron si preferiría hacerlo con la hija de fulanito o con Afrodita, a lo que Anquises contestó que no podía responder, porque como se lo había hecho con las dos ya, pues la pregunta no tenía sentido. Zeus que oyó la fantasmada del rey dárdano (aunque no dejaba de ser cierto), quiso destruirlo con un rayo, pero Afrodita lo evitó, aunque Anquises se vio tan afectado que nunca jamás volvió a caminar. Afrodita dio a luz a Eneas (el de la Eneida, sí señor), que llevó la cultura al reino del Lacio.

Os había dicho al principio que Afrodita apareció en el Olimpo acompañada de Eros e Himeros. El segundo está relacionado con el amor loco y se le conoce más habitualmente como Cupido, hijo (de padre desconocido) de la propia Afrodita. Cuando Zeus lo vio, se dio cuenta de lo peligroso que podía llegar a ser, así que le dijo a la diosa del amor que se deshiciera de él. Ella lo ocultó en un bosque donde lo criaron las fieras; siendo niño se construyó un arco y flechas, y se convirtió en un tirador acertadísimo. Más adelante cambió su arco original por uno de oro y la nereida Tetis consiguió que Zeus lo recibiese en el Olimpo el día que se casó con Peleo. Y desde ese día a jodernos la vida con las flechitas del amor. Cabrón...

Así que ya veis que Afrodita también tenía su carácter, pero con ese cuerpazo se le perdona todo. Y ya os contaré más cosas de ella cuando hablemos de la guerra de Troya, ya que la muy inconsciente tuvo buena parte de culpa...

Y en el próximo capítulo, el cornudo mayor del Olimpo, Hefesto.

10 jul. 2008

Mitología (IV): Hades, el "Bad Boy"

De los tres dioses varones fundamentales (los hijos de Cronos y Rea; recordad que también quedan dos hijas de las que hablar), Hades es el mayor. Y también el más soso, porque no decirlo. Aunque claro sus razones tenía, porque pasarse todo el día entre funerales y muertos, y tener que sentarse en un trono de azufre, seguro que te acaba volviendo un soso de cuidado; vamos, que ni Joaquín Reyes aguantaría eso. Encima no recibía ninguna visita, porque el palacio que poseía en el Infierno era inaccesible y sólo él tenía las llaves. Claro que así lo tendría de polvo, porque ni siquiera la asistenta iba. Como para ir y encontrarse al soso ese. Porque encima sus compañías eran siniestras a más no poder y las pocas veces que salía de casa se iba por ahí de farra con las Erinias, más conocidas como las Furias, hijas de Eris y Cronos y encargadas de aplicar los castigos infernales, y con las Moiras (las Parcas), agentes del oscuro porvenir que envuelve la suerte de todos los mortales. Vamos, igualito que irte de fiesta con una pandilla de Emos...

Pero claro, como buen friky, porque está claro que Hades era el friky de los dioses, y si no a ver por qué el tío era tan antisocial que se apartaba de todo ser viviente y se iba con los muertos, llegó un momento en su vida en el que se dijo a sí miso que tenía que meter como fuese, pero como todo buen friky (o al menos igual que yo), pensaba que no iba a conseguir que ninguna se fijara en él. Además, cualquier friky con su casco de invisibilidad se hubiera pateado los vestuarios femeninos del Olimpo a ver si pillaba a Afrodita o Atenea en pelotas, pero él, que aparte de algo soso era muy honrado, sencillamente se enamoró de una jovencita diosa, hija del propio Zeus y de Démeter, llamada Perséfone. Inciso: los romanos conocían a la muchacha como Proserpina, que parece nombre de medicamento, la verdad. La chica era tremendamente mona, pero si lo último que pensaba era en tener novio, lo del matrimonio le daba dentera, además que ella era feliz disfrutando con el perfume de las flores en primavera (normal, ya que era la diosa del florecimiento y de la naturaleza, pero, aún así, que pijo quedaba...). La joven ya había rechazado los requerimientos románticos de Hermes, Ares, Apolo y Hefesto, y Hades no iba a ser más que los demás. Pero el rey del inframundo pidió permiso a su hermano para cortejarla y Zeus no puso demasiados reparos. Claro que no se esperaba lo que iba a hacer el rarito de Hades. Iba un día la muchacha paseando por Sicilia, oliendo los narcisos en flor, cuando se fijó en una flor hermosísima que brotaba solitaria del suelo. La chica se acercó a arrancarla cuando, de repente, se abrió una grieta enorme en el suelo de la que apareció el propio Hades y se la llevó con él a su palacio.

La pobre madre de Perséfone, Démeter,salió desconsoladísima a buscarla, como los McCann, pero sin la posibilidad de aparecer en todos los telediarios del planeta día sí día también. Su sufrimiento era tal que los campos se secaron y la naturaleza se durmió. Entonces Helios, que lo había visto todo desde su carro solar, y que era un chivato de cojones, le dijo a Démeter lo que había pasado, así que Démeter le dijo a Zeus que a ver que hacía para que su hija volviese a casa pero ya. El dios jefe mandó al becario Hermes a que le dijera a Hades que ya estaba bien con la broma y que tardaba en dejar salir a la chica del infierno. Hades dijo que vale, que la dejaba irse, pero antes de eso engañó a Perséfone para hacerla comer un grano de granada, ya que todo aquél que comiese cualquier alimento en el infierno tendría que volver pronto a él. La diosa volvió y los campos volvieron a ser fértiles, pero la alegría duró poco porque enseguida tuvo que volver al inframundo por el pequeño fruto que había comido. En esa segunda llegada al infierno se casó con Hades. Pero su madre volvió a deprimirse y el mundo entero dejó de florecer, así que se fue a por Zeus y le dijo que arreglara el asunto como pudiese, porque ella no podía estar sin su amada hija. A Zeus ya le estaban poniendo la cabeza como un bombo con tanta tontería, así que decidió llegar a un acuerdo con todas las partes implicadas. El plan era que Perséfone pasará medio año con su esposo y medio año con su madre; Hades podía ser un poco raro, pero para nada un cabrón, además así mantenía alejada a la suegra de su casa que siempre es bueno. Cuando Perséfone volvía con su madre la naturaleza florecía, los campos eran fértiles y todo era bello y hermoso, mientras que cuando se iba con su marido el mundo se volvía más triste porque Démeter se deprimía. ¿Veis que forma más bonita de explicar el paso de las estaciones?

Se dice que Hades también tuvo el gustillo de sus hermanos por las camas extrañas y tuvo un par de amantes. Una de ellas fue Mente, una ninfa infernal (fijaros que habían ninfas para todo, hasta Campanilla, que fue ninfa de Disney...), con quien pilló in fraganti a Hades su señora, que del cabreo tiró al suelo a la ninfa y le empezó a dar de patadas, hasta que Hades, para protegerla, la convirtió en la planta de la menta. También tuvo otro rollete con Leuce, que tras su muerte natural se convirtió en un álamo blanco. Por cierto, Hades no tuvo descendencia, ni legítima ni ilegítima. Vamos, que sus balas eran de fogueo...

Hades fue durante mucho tiempo el innombrable. Como la gente le daba miedo la muerte temía nombrar al juez de los muertos, ya que Hades se dedicaba a decidir el destino de las almas que llegaban a sus dominios, así que le comenzaron a llamar Plutón, para agradecerle el que dejara a su esposa libre durante medio año.

Lo cierto es que de él hay poco más que decir, porque era soso, pero soso, soso, así que hablaremos más cosas de él cuando nombremos a los pocos héroes que pasaron por el infierno y salieron con vida.

Y el próximo capítulo Afrodita, el pendón desorejao, y aquí hay sexo, mucho sexo...

P.D.: Debido al 24 horas de Crevillente, la próxima entrega tendrá lugar entre el sábado y el domingo.

9 jul. 2008

Mitología (III): Poseidón, el hermano húmedo

Sigo la serie de los dioses griegos con Poseidón, dios del mar y de los caballos. Para empezar digamos que Poseidón era hermano mayor de Zeus y fue tragado por su padre Cronos como el resto, aunque algunas tradiciones afirman que su madre, Rea, lo ocultó en un rebaño de caballos para que su padre no se lo comiera como al resto, pero aquí seguiremos el relato más tradicional y diremos que también fue devorado. Como los demás participó en la Titanomaquia, en la que Poseidón tuvo un papel destacado al mando de la escuadra olímpica, y como fuera que el puesto de dios del mar, que ocupaba el titán Océano quedó libre, Zeus se lo otorgó a su hermano mayor. Tras esta batalla los cíclopes y los hecatónquiros regalaron a los tres dioses principales unas armas que habían forjado durante su cautiverio en el Tártaro como agradecimiento por haber sido liberados: el casco de invisibilidad de Hades, el rayo de Zeus y el tridente de Poseidón. Pero todo esto no era suficiente para Poseidón. Él quería el poder absoluto, así que se conjuró con Hera y Atenea para derrocar a Zeus. Tras la intervención de Briareo, con las nefastas consecuencias para Hera que os contaba ayer, y para Hefesto, por encararse a Zeus, Poseidón fue desterrado a la esfera mortal durante un año, viéndose obligado a currar, como todos, para pagarse la hipoteca y el televisor de plasma que se había pillado de oferta en el Media Markt.

Así, buscando curro, el mortal Poseidón acabó a las puertas de Troya, cuyo rey, Laomedonte, conocido por ser un hijo de puta de cuidado, lo contrató para que construyera las murallas de Troya junto con el dios Apolo, que, casualmente, también andaba desterrado por aquél entonces. Cuando acabaron la obra, que tardó, porque primero no llegaban los camiones del material, luego tuvieron que rehormigonar, que cuando llovía los obreros decían que ellos no trabajaban y el del alicatado no se ponía de acuerdo con el maestro de obras para ver que azulejos ponían, pues ambos dioses habían recuperado sus poderes, aunque no se lo demostraron a Laomedonte en ningún momento. Resultó que al acabar sus divinidades quisieron cobrar el sueldo mínimo estipulado según el convenio del gremio de los obreros y el rey dijo que naranjas de la china, que se les había quedado una de las paredes torcida y que le parecía ver alguna grieta en otra de las paredes, y que habían entregado la obra con muchísimo retraso, lo típico que se dice para no pagar a los obreros, así que Poseidón y Apolo se enfadaron, normal por otra parte, y mandaron dos bestias para arrasar el reino: Poseidón mandó un monstruo marino que acojonó mucho al personal, mientras que Apolo envió un jabalí gigantesco que terminó de asolar el país. El oráculo profetizó que o entregaba Laomedonte a su hija Hesione en sacrificio al monstruo marino o las calamidades no cesarían jamás, pero Laomedonte dijo que a su hija no, que prefería sacrificar a la puta madre del monstruo. Casualmente (hay que ver la de casualidades que hay en la mitología), pasaba por allí Heracles en busca de aventuras (de las de pelearse y tal, no de las que se buscaba su padre), y le dijo al rey que se cargaría al monstruo a cambio de unos caballos divinos que tenía y que le iban a venir muy bien para montar una escuela de hípica superpija que estaba pensando montar el héroe. Laomedonte le dijo a Heracles que sí, que sí, que le matase al bicho y después hablarían. Y Heracles cumplió su parte, liberando a Hesione de su fatal destino, pero cuando fue a cobrar la deuda con Laomedonte, el rey le mandó a zurrir mierdas con un látigo (Muchachada Nui dixit), con lo que el héroe se sintió algo molesto, vamos, que se pilló un rebote de órdago, y se presentó frente a las murallas de Troya con un super ejército, con el que acabó tomando la ciudad y matando a Laomedonte y a toda su descendencia, menos a Príamo que fue el único de los hijos del rey que le decía "Papuchi, que ya te estás pasando; osea, paga que no te cuesta nada". Apolo entonces dejó de molestar al reino de Troya, ya que Príamo no tenía culpa de que su padre fuera un mal pagador, pero Poseidón dijo que por sus divinos cojones Troya acabaría destruida. Pero, aparte de rencoroso, Poseidón era tremendamente orgulloso con sus obras, y cuando los aqueos, en pleno sitio de Troya, decidieron construir un muro para proteger su flota, el dios del mar dijo que una mierda iban a construir un muro que dejara pequeña la muralla que él había construido y cuando iba a destruirlo Zeus apareció para impedírselo, con lo que Poseidón se enfadó y se largó pegando un portazo y diciendo que se llevaba el Scattergories porque era suyo. Aunque al final ayudó a los aqueos cuando los troyanos empezaron a darles pa'l pelo.

Cuando los mortales empezaron a organizarse en ciudades estado, los dioses empezaron a darse de hostias para ver con que ciudad se quedaba cada uno; como la cosas llegaba a límites de tensión que ríete tú del duelo Gallardón - Aguirre, siempre acababa mediando un tercer ser divino al que el asunto se la traía floja, o algún mortal de reconocida prudencia (al que solían acabar huntando de mala manera para que decidiera en favor de uno de los dioses). Pues Poseidón, que también quería parte del pastel en tierra, casi siempre perdía todas estas disputas, por lo que, si ya de por sí el dios tenía mal genio, acabó teniendo el carácter más avinagrado que la propia Hera. Para poneros en antecedentes, cuando quiso la ciudad de Corinto, Briareo (el mismo que lo puso en fuga cuando se le ocurrió conspirar contra Zeus), le concedió la ciudad a Helios, el dios sol; quiso ser venerado en Egina y se la quedó Zeus; Naxos se la quedó Dioniso, el borrachín simpático; Apolo le ganó Delfos, la del Oráculo; Trecén fue para Atenea; Hera se le adelantó con Argos, y así sucesivamente. Cada vez que perdía se pillaba unos cabreos monumentales, acompañados de inundaciones, olas gigantes y desastres marítimos varios. Porque claro, al señor dios del mar no le bastaba con tener consagrada para él solito la isla más prospera de toda la mitología, la Atlántida, y quería más y más. Lo que hace el ansia...

Pero metámonos en lo que al corazón del dios del mar respecta. Igual que Zeus también tenía su señora esposa oficial y legítima, en este caso Anfítrite (literalmente, la que rodea el mundo), que era una de las Nereidas (hijas de Nereo y Dóride). A Anfítrite la conoció un día que se hallaba bailando con sus hermanas en la isla de Naxos. Ella había hecho voto de virginidad, pero el Destino (con mayúsculas porque ya hablaremos de él, o ella, o él, bueno no está claro del todo) decidió que Poseidón pasará por allí en ese momento (¿Qué os decía de las coincidencias?). La ninfa bailaba tan sensual como Chiqui Martín, pero sin enseñar el chirri (con lo que el baile pierde un poco, la verdad), y Poseidón se dijo a sí mismo que esa moza iba a ser suya; pero el hombre era tan poco discreto que se lo dijo tan alto que todo el mundo en el cielo y en la tierra se enteró. La pobre muchacha se acojonó, cómo para no hacerlo, seamos sinceros, y se largó escopetada de Naxos y se ocultó en las profundidades del Océano más allá de las columnas de Heracles. Poseidón se puso cazurro y mandó a un montón de sus criados a la busqueda de la ninfa; uno de ellos, Delfino, acabó localizándola y Poseidón la raptó (como recompensa el dios colocó a su criado en la esfera celeste, en la constelación del Delfín). Y le comió tanto la cabeza a la pobre, que ella acabó aceptando el puesto que Poseidón le ofrecía a su lado en el reinado de los mares.

Pero Poseidón, igual que su hermano Zeus, pensaba más con el rabo que con el cerebro (¿he dicho yo eso?), y hasta en los romances decidió parecerse al propio Zeus. Encima el cabrón tuvo suerte, porque Anfítrite nunca pensó en vengarse, tal y como lo hacía Hera con toda la que se pasara por la cama de su esposo, porque por más que Poseidón tuviera un amor en cada puerto, nunca mejor dicho, siempre volvía a los brazos de su amantísima esposa. Originariamente no tuvieron ningún hijo, pero algunos les atribuyen la paternidad de Tritón. A lo mejor era por esto por lo que Anfítrite consentía que el dios del mar le pusiera unos tochos que no le cabrían por las puertas del Olimpo, para extender su sangre divina por la tierra. Pero a diferencia de su hermano, que engendraba héroes, Poseidón iba dejando pequeños monstruitos por el mundo.

Con Toosa, ninfa marina y hermana de las Gorgonas, engendró (nunca mejor dicho) al cíclope Polifemo. Con Medusa, la única Gorgona mortal (a la que violó y después de violarla fue cuando ella se puso tan agria, normal por otra parte, que le salieron las serpientes en la cabeza, y convertía a todo el que la miraba a los ojos en piedra), tuvo al gigante Crisaor y a Pegaso. Inciso: puede que Pegaso no os parezca precisamente un monstruo, pero si parir un caballo con alas os parece normal, hacéroslo mirar. Con Anímone, hija de Dánao (no era el de los yogures, por si os confundís), tuvo a Nauplio, azote de los aqueos. Con Ifmedia tuvo a los Alóadas, llamados Oto y Efialtes, que en su momento intentaron dar un golpe de estado al Olimpo, pero Apolo se lo impidió a flechazos. También fueron hijos suyos Cerción y Esción, malvadísimos bandidos, Lamo, que fue rey de un pueblo caníbal y el cazador Orión, cuyo mito ya contaré en otra ocasión. Finalmente tuvo una serie de hijos con Halia, otra ninfa marina hija de Ponto y Talasa. Una de ellas, llamada Rode dio nombre a la isla de Rodas, pero el resto, a los que Afrodita volvió locos, fueron enterrados vivos por el propio Poseidón al intentar violar a su propia madre, que tras tan bestial sepultura se arrojó al mar desesperada, vamos que aunque la fueran a violar no dejaban de ser sus hijos, faltaría más...

Por cierto, Poseidón también tuvo un rollete gay, como Zeus con Ganímedes, pero en este caso Poseidón se adelanto a su hermano. El chaval en cuestión fue Pélope, hijo de Tántalo (de quien ya os hablaré largo y tendido cuando llegué su momento, porque la historia de soberbia, crimen y antropofagia tiene miga). Dicen que era hermosísimo y Poseidón lo secuestro para convertirlo en su amante en el Olimpo.

Luego ya vino lo de su mosqueo con los Argonautas, pero eso es otra historia...

Y en el próximo capítulo Hades, el chico malo del Olimpo.

8 jul. 2008

Mitología (II): Hera, la celosa despechada

A ver. En realidad no es que fuera despechada, pero así el título queda de lo más dramático. Comencemos por el principio. Hera era hija de Cronos y Rea. Nació en Samos, o al menos eso decían los lugareños, que tenían el árbol bajo cuya sombra dio a luz la titánide; claro, que también en Argos decían lo mismo, aparte de tenerla por diosa desde tiempos inmemoriales y su culto parece que estaba arraigado antes de que apareciera el de Zeus. Pero vamos con lo que realmente nos interesa.

Hera también fue devorada por su padre Cronos y vomitada con el brebaje que hizo Metis para conseguir que expulsara a sus hijos. Pero lo importante vino en su madurez. Ella, que era muy independiente, como Lucía Etxebaría, no quería someterse a la voluntad de Zeus, exaltando su carácter virginal, y más teniendo en cuenta sus relaciones previas con Metis y Temis. Además no le parecía bien que Zeus hubiera dado a luz por su cuenta a Atenea, así que ella decidió procrear por su cuenta a Hefesto. Pero, un momento, ¿Hefesto no era el que le había abierto la cabeza a Zeus de un hachazo para que naciese Atenea? Bueno sí y también dicen la mayoría de las tradiciones que Zeus y Hera eran ambos padres de Hefesto, así que no tratéis de buscarle la lógica, ya que por lo visto en el Olimpo lo de la linealidad temporal se lo pasan por el forro. La cosa está en que, como decía, Hera pasaba tela (jo, que pijo me ha quedado) de Zeus, y éste, que se las daba de conquistador, andaba muy mosca. Insistió como un desesperado, más que nada porque necesitaba afianzarse en el trono del Olimpo y quién mejor que la diosa del hogar para afianzar su supremacía sobre el resto. Así que lo único que se le ocurrió para conseguirla fue usar la metamorfosis, que tan buenos, y eróticos, resultados le había dado con anterioridad. Cierto día andaba Hera paseando por el monte Tornax en la isla de Creta cuando se apartó del grupo que la acompañaba. Comenzó en ese momento una tremenda tormenta eléctrica, que el listo de Zeus se encargó de provocar, transformándose después en un pequeño pajarillo que se dejó caer atemorizado por los rayos a los pies de Hera (vaya pajarraco). La diosa se compadeció del pajarillo (anda, si la tía más vengativa del Olimpo tenía su corazoncito) y lo recogió, poniéndoselo en el balconcillo para calentarlo, hasta que se dio cuenta de que algo no iba como tocaba y que el pobre pajarillo había resultado ser un buitre del quince. Cuando se dio cuenta obligó a Zeus a jurar por Estigia (el lago del inframundo que las almas deben cruzar para expiar sus pecados) que la convertiría en su legítima esposa y sólo entonces le consintió a Zeus llegar hasta el final, hombre faltaría más, que desvirgarla podía, pero si no había casamiento, los cojones...

El bodorrio se celebró en Creta con la presencia de todos los dioses. La yaya Gea regaló a la novia el manzano de oro (que daba manzanas golden de extrema calidad, algo así como unos 24 quilates de calidad), nombrando guardianas a las Hespérides; pedazo regalo vamos. También hubo una representación de humanos que fueron invitados al desposorio, pero una joven, llamada Quelonea, dijo que no podía, que le venía mal, que no le daba tiempo a ir a la peluquería y que no encontraba un traje como dios manda para la boda (que no diremos con tal de escaparnos de una boda a la que no nos apetece ir), así que Hermes la convirtió en tortuga, condenándole a cargar siempre su casa a cuestas (de ahí que las tortugas se llamen quelonios).

Pero a Zeus el juramento de fidelidad le resultaba tan poco atractivo como a la mayoría de los mortales la estampa de Camilla Parker Bowles, así que Hera empezó a criar unos cuernos que ríete tú de los toros de los sanfermines. Pero aunque Hera pudiera parecer la víctima de los engaños de su esposo, sus reboteras celosas la convierten en una tía más vengativa que Ana Obregón después de ver el trasero de su hijo en la tele. El matrimonio estaba claro que era de conveniencia y Hera lo tenía tan asumido que todos los años se bañaba en la fuente Canato, en Argos, para conservar su virginidad, que ríete tú de las operaciones de reconstrucción de himen que se hacen ahora. Aún así Hera engendró tres hijos: Ares, dios de la guerra, Hebe, diosa de la juventud (y encargada de las faenas domésticas del Olimpo, entre otras servir las copas de los dioses, pero el curro de camarera se lo dejó cuando llegó Ganímedes, y que se casó con un héroe cuando éste fue divinizado, pero ya os lo contaré otro día), y, por último, Ilitia, diosa del nacimiento sin cuya presencia ningún parturienta podía dar a luz, ya fuera mortal o inmortal. Pero, ¿Hefesto no era también hijo suyo? Ya os he dicho que la paternidad de Hefesto no la quiere nadie, cosas de ser el Bonico del tó.

Pero los celos de Hera (que si entre humanos ya pueden ser brutales, os podéis imaginar los niveles que alcanzaban entre los dioses inmortales) estuvieron a punto de costarle el trono a su esposo en alguna ocasión, y es que su hermano Poseidón quería arrebatarle el poder a toda costa, e incluso Atenea se jactaba de ser más inteligente que su padre, aunque no creo que eso fuera muy difícil, la verdad. Así que un día los conspiradores con la ayuda de la propia Hera, cargaron de cadenas a Zeus mientras descansaba, porque sería muy poderoso, pero la siesta era sagrada. Por suerte Tetis, una de las Nereidas, que estaba agradecidísima a Zeus por haberle conseguido marido, lo vio todo y acudió con Briareo, uno de los hecatónquiros, para echarle una mano, o mejor dicho cien, y despojarle de las cadenas. Nada más ver al gigante en toda su fealdad, los conspiradores echaron a correr por patas, dejando el camino libre para rescatar al dios del rayo. Una vez libre Zeus se pilló un rebote monumental (normal por otra parte cuando tu señora decide poner en duda tu liderazgo en favor de tu hermano, más o menos lo de Rajoy con Esperanza Aguirre, pero a otro nivel), así que dejó a Hera suspendida entre el Olimpo y la tierra con una cadena de oro y un yunque atado a cada pie. Hefesto protestó ante Zeus por el trato que le daba a su madre, pero como Zeus tenía las pelotas tan hinchadas la tomó con el pobre engendrillo y lo lanzó a tierra desde el Olimpo provocándole en la caída una cojera que le duró para toda la eternidad, para que aprendiera a ayudar a la mala pécora de su madre.

Pero Zeus tampoco tenía tanta mala leche, así que acabó soltándola. Y nunca la dejó. Por lo visto la quería, con las otras follaba, pero con Hera tenía una relación diferente de amor verdadero. Pero Hera se hartaba de los cuernos y decidió hacer lo que muchas mortales hacían para recuperar el amor de sus esposos: largarse de casa. Al parecer a Zeus le afectó poco y su reacción fue un "ya era hora", más o menos, pero como Hera no quería quedarse sola decidió echarle teatro al asunto y se puso a gritar a los cuatro vientos que estaba hasta los ovarios de Zeus y que iba a pedir el divorcio para poder casarse con otro. Zeus se puso mosca, porque el podía poner los cuernos, pero que lo abandonaran jamás, así que pidió consejo a Citerón, rey de Beocia, que pasaba por ser el humano más sabio de la época, aunque no tan repelente como el chaval de El gran quiz. Entre los dos idearon el plan maestro para conseguir recuperar a cualquier mujer: ponerla más celosa aún. Vistieron a una estatua con ropas lujosas y la pasearon por la zona donde se encontraba Hera anunciando a bombo y platillo que en cuanto estuviera libre Zeus se casaría con aquella supuesta joven. En cuanto Hera se enteró fue como loca a destruir por las bravas a la usurpadora, pero al llegar al séquito que acompañaba a la estatua descubrió la trampa y se puso a reír. Todo el mundo riéndose. Vamos, como el final de un episodio de Friends.

A veces la guerra de sexos entre Zeus y Hera resultaba totalmente absurda, ya que discutían, incluso, sobre quién disfrutaba más con el amor y el sexo, si el hombre o la mujer. Zeus afirmaba que la mujer era la que más disfrutaba, mientras que Hera afirmaba que era el hombre. Y como no se ponían de acuerdo, que raro, decidieron acudir a Tiresias, un sabio y adivino que había tenido experiencias de uno y otro sexo (no me preguntéis como, porque no me lo imagino...). El adivino dio la razón a Zeus y Hera, rencorosilla por haber perdido, dejó al adivino ciego; Zeus, para compensar, le dio el poder de la profecía y una larga vida. Aunque me da que el pobre hombre hubiese preferido ver de nuevo. Y otra cosa más larga...

Claro que Hera también tuvo sus aventurillas. A pesar de ser un modelo de virtud se ve que tuvo un rollo muy intenso con el gigante Eurimedonte, aunque por lo visto ella no estaba muy por la labor y de aquel polvo sin consentimiento nació Prometeo, que se convirtió en uno de los grandes rivales de Zeus, pero no en la lucha por el poder sino en la relación con los humanos (pero eso ya os lo explicaré otro día). También estuvo a punto de ser violada cuando, durante la Gigantomaquia, un intento de los gigantes por tomar el control del Olimpo, pero Zeus y Heracles, el mismo que tantas veces intentó destruir la propia Hera, la rescataron justo a tiempo. Claro que también estuvo a punto de sucumbir a los encantos de un mortal, Ixión, rey de los lapitas, pero Zeus se enteró y mandó al pobre mortal al Tártaro, donde Hermes lo ató con serpientes a una rueda de fuego que giraba eternamente. Pero, eso sí, Zeus no lo castigo por intentar ponerle los cuernos, ya que él era el menos indicado para protestar por el asunto, sino por burlarse del propio dios afirmando que había conquistado a su señora, y Zeus, que le llamaran cornudo sin razón, pues no, porque Hera, que sí que era fiel a su esposo, advirtió a Zeus que el mortal la intentaba seducir, así que éste, para comprobar si Hera decía la verdad, le plantó a Ixión una nube con la forma de Hera llamada Nefele y el mortal no se resistió a aquella presencia. O lo que es lo mismo, Ixión se pensaba que se había cepillado a Hera y en realidad se había trincado a una muñeca hinchable, nunca mejor dicho...

De todas formas, en su descarga, diré que tampoco era la más mala del Olimpo, las habían mucho peores, pero tenía un pronto de mil demonios. De todas formas ya comentaré algo más de ella cuando os hable de algunos de los héroes.

7 jul. 2008

Mitología clásica para la gente de la calle: Zeus, el pichabrava

Aprovechando que la gente está ya de vacaciones voy a ponerme con una serie de entradas sobre uno de los temas que más me atraen en el mundo: la mitología clásica. Por mitología clásica entendemos la griega y romana, pero ya que estamos podremos soltar algún rollete sobre algún dios egipcio y maya, o sobre algo de la leyenda artúrica. Pero empecemos por el más grande de todos los dioses griegos: Zeus.

El padre de los dioses no era tal, para ser más concreto era algo así como el hermano de la mayoría de los dioses importantes y nieto e hijo, a su vez de otros. Dígamos que en el principio era el Caos, y de él surgieron Gea (la tierra), Tártaro (el inframundo) y Eros (el amor). Como el Caos era muy suyo y no iba a poner a trabajar porque su método de trabajo era más que caótico (jo que chiste más malo...) tuvo que ser Eros el que se pusiera manos a la obra; así hizo surgir la noche (Nix) y las tinieblas (Erebos), y el día (representado por las luces celeste, Éter, y terrestre, Hemera). Cuando apareció la luz Gea se despertó y como el Caos seguía sin ganas de ponerse a hacer nada, mucho menos tener sexo con ella, decidió ponerse a procrear por sí misma, así, por las bravas. Y de está forma engendró a Urano (el cielo estrellado) tan extenso como la propia Gea, y, al parecer, con las mismas ganas de su madre por procrear, porque se puso tierno y "llovió" sobre su madre (lo que se dice una "lluvia de amor"). De esta lluvia nacieron los Titanes y las Titánidas (luego ya comentaré sobre uno en concreto), los tres cíclopes originales y los hecatónquiros, gigantes con cien manos (para ellos cada masturbación era toda una experiencia) y cincuenta cabezas cada uno.

Hasta ahora todo iba de puta madre, pero Urano se fijó que algunos de sus hijos eran tremendamente feos, así que, en vez de pagarles la visita a Corporación Dermoestética, decidió mandarlos a todos a visitar a su tío el Tártaro, eso sí, sin decírselo a su señora, que no se lo tomó muy bien, y como tampoco estaba muy contenta de que Urano se pasará el día con ganas de sexo, se construyó una hoz de hierro y llamó a sus hijos a ver quién le echaba un cable. Y el único que respondió fue Cronos, uno de los Titanes. Y emboscando a su padre le cortó lo que más duele, sacándolo así por las bravas del trono de los dioses; pero tras ser castrado Urano le dijo a Cronos que uno de sus hijos le destronaría. ¡Se habría quedado sin cojones pero los tenía cuadrados!

Una vez en el poder Cronos decidió que se casaría con su hermana Rea, pero acojonado por la profecía de su padre a medida que la titánide iba teniendo sus hijos, Cronos se los fue comiendo, hasta que Rea se indignó y al nacer Zeus le entregó un piedra envuelta en pañales que le produjo unos dolores de estómago del quince. Con el chiquitín oculto, Cronos tomó un brebaje que le hiciese potar la piedra que le traía de cabeza, y al mismo tiempo vomitó al resto de sus hijos enteros, vivitos y coleando. Cuando Zeus fue adulto se alió con varios de sus hermanos para derrocar a los titanes del poder (la conocida como Titanomaquia), ganando la celestial batalla y alzándose con el trono del Olimpo, y entregando el reinado del mar a su hermano Poseidón y del infierno a su otro hermano Hades.

Una vez explicado el tostón del origen del universo y del propio Zeus ahora queda por contar lo que realmente os interesa, mentes sucias, que es la historia de sexo del dios olímpico. Empecemos por las relaciones matrimoniales. La primera esposa que tuvo fue Metis, diosa de la prudencia (y en el mal sentido de la perfidia), pero ella, prudente que era, no se dejaba, a pesar de los intentos del pobre Zeus y sus ganas de mojar. Hasta que al final, después de presentarse ante ella en forma de numerosos animales, consiguió dejarla embarazada. Pero Urano, il castrato, profetizó que si el hijo era varón destronaría a Zeus (este Urano siempre tan simpático). Y como Zeus conocía lo que había pasado hasta ahora con los dioses, y siendo él mismo uno de los destronadores, se tragó a su señora con feto y todo, asimilando toda la sabiduría y prudencia de la propia Metis. Al llegar la hora del parto (sí, he dicho bien, PARTO) a Zeus le entró un dolor de cabeza, tan atroz que le pidio a su hijo Hefesto, el bonico del tó de los dioses, que le abriera la cabeza de un hachazo. Y así lo hizo el herrero, y de la brecha nació la diosa Atenea, ya con una edad y jabalina en mano, lanzando gritos de victoria; así tendría la cabeza el pobre Zeus. Pero ya hablaré de estos otros dioses otro día.

Luego se unió a Temis, aunque parece que no hubo casamiento, y de ellos nacieron las Estaciones (no las del año) y las Moiras (agentes del destino). Más tarde se aparejó con Eurínome, hermana de Metis, con quien engendro a las tres Gracias, ya sabéis, las del cuadro de Rubens. Con Mnemosine, la memoria, tuvo a las nueve musas, todas en el mismo parto, para que después digan de los octillizos de Apu. Con Deméter, diosa de la agricultura y hermana del propio Zeus, engendro a Perséfone, de quien ya hablaré en otro momento. Luego se prometió en casamiento con Hera, diosa hogareña y más mala que un dolor de muelas sin morfina, pero aprovechando que aún no estaba casado se cepilló a Leto con quien tuvo a Apolo y Artemis, pero eso es otra historia. También se cepilló a Dione, Electra, Táigete, Maya, Perséfone (sí, su hija),etc, etc, etc.

Pero mejores fueron sus relaciones con las mortales. Como ya le quedaban pocas alcobas inmortales por visitar, se decidió a pasearse por los fueros mortales a ver si alguna caía. Y vaya si cayeron. Aunque siempre con la excusa de fecundar héroes semidivinos (JA, que diría la señorita Edna Krabappel), para defender al mundo de los monstruos que poblaban la tierra. Eso sí, de liarse con plebeyas nada, todas princesas como poco. Así no quedaba como un putero sino como un tipo comprometido con su tarea divina. Menos para su señora Hera, que ya había dicho que era más mala que pegarle a un padre con un calcetín sudao.

Para empezar Zeus sedujo a Níobe, y ésta dio a luz a Argos. Cuando sedujo a la ninfa Calisto la cosa le salió mal, porque al dejarla embarazada la diosa Artemis, de cuyo sequito de ninfas formaba parte Calisto, se lo comunicó a Hera que fue a por la ninfa, a quien Zeus había convertido en osa, y se la cargó a flechazos, mandando la parte inmortal de la ninfa a la esfera celestial en la forma de la Osa Menor. Aunque antes pudo dar a luz a Arcas, gran agricultor y fundador del pueblo arcadio. También sedujo a Ío, a quien convirtió en vaca para que Hera no sospechara, pero si no es sospechoso que te cepilles a una vaca, no sé yo que lo será (aunque nosotros tenemos a la cabra de la legión y nadie dice nada; me estoy liando). Ío dio a luz a Epafo, fundador mitológico de la ciudad de Menfis en Egipto (Ío, por cierto tiene alguna relación con la diosa Isis). Más adelante Zeus se lo montó con Sémele; Hera se cabreó, como siempre, pero esta vez fue más maquiavélica: se hizo amiga de Sémele y la convenció para que hiciera que Zeus se le mostrara en todo su esplendor divino durante el acto sexual; cuando Zeus fue a cumplir el deseo de su amante se dio cuenta, demasiado tarde de que era un error y la muchacha acabó frita por un rayo del propio Zeus. Antes de morir Sémele dio a luz a Dioniso.

Más adelante Zeus se enamoró de Dánae. Según una profecía el hijo que tuviera mataría a su abuelo, rey de Argos, así que el rey encerró a su propia hija en un búnker para que ningún hombre pudiera alcanzarla. Pero Zeus llegó a ella en forma de fina lluvia de oro (para que veáis que a Zeus le iban todas las parafilias habidas y por haber aquí le da por practicar la lluvia dorada...), dejándola embarazada del héroe Perseo. También se prendó de Alcmena, con quien se lo montó haciéndose pasar por su propio esposo Anfitrión, rey de Tirinto. Alcmena tuvo de Zeus a Heracles (el Hércules de los romanos y nombre por el que se le conoce más habitualmente). Convertido en cisne se trincó a Leda con quien tuvo cuatro hijos: Pólux, Helena, Cástor y Clitemnestra, todos a la vez, nacidos de dos huevos. Luego vino el rapto de Europa convertido en toro y por último la historia de amor de Zeus que lo hace figurar en cabeza de la cabalgata del día del orgullo gay: Ganímedes. Este joven era descendiente directo del fundador de Troya; era todavía un adolescente y guardaba los rebaños de su padre en las montañas que rodeaban Troya. Según cuenta la leyenda era el más bello de los mortales, hasta el punto que inflamó el amor del dios supremo, vamos que donde pone "inflamó" se debe cambiar por "empalmó" y el "amor" cambiadlo vosotros mismos por la palabra que prefiráis. Así que Zeus los secuestró, convertido en águila, y se lo llevo al Olimpo para que hiciera de escanciador de los dioses; secuestrado para acabar sirviendo copas en un bar, quién lo iba a decir.

Bueno, hasta aquí la mayor parte de la historia de Zeus en lo que es el primer capítulo de este resumen de mitología. En próximas entradas, más cortas por suerte, os hablaré del resto de dioses mayores y los principales héroes griegos.

5 jul. 2008

Los blogs no son para el verano, las bicicletas puede...

Llevo viendo ya algunas semanas, más o menos desde que el calor aprieta, que la blogosfera empieza a ralentizar drásticamente su ritmo de vida. Al contrario que los osos, que hibernan cuando aprieta el frío, los blogueros se tocan los webs cuando el calor aprieta; las blogueras no sé que se tocarán, porque ellas son más finas y apenas se tocan, pero, al menos, tampoco actualizan con tanta frecuencia. Es más, muchos desaparecen durante cosas de meses dejándonos el camino libre a blogueros de segunda fila como yo mismo. O tercera. O cuarta. O vaya usted a saber cual.

Y es que una de las ventajas de vivir en el campo radica en el hecho fundamental de que uno veranea en el mismo lugar donde vive. Qué remedio. Por no hablar de lo hermoso que es despertarse con el gorjeo de los pájaros al amanecer, si es que la desgraciada de Perra te ha dejado dormir por la noche, el fresco aroma del aire limpio, o el humo de los restos de poda que a Señor padre le ha dado por quemar de buena mañana, o las noches tranquilas con el cielo lleno de estrellas, y mosquitos que este año hay más que nunca. A pesar de que no tenemos piscina, por dos motivos fundamentales: la falta de espacio (aunque Manu vendrá a decir que el señorío de los Bru incluye varias hectáreas donde bien se podrían haber construido algunas piscinas de disciplina olímpica) y la continua negación de Señora madre. Hasta ahora. Y es que a Señora madre le ha venido a la idea comprar una de esas piscinas prefabricadas en acero y colocarla en uno de los lugares más molestos de todo el recinto para que Sobrina puede bañarse y disfrutar este verano. Para Sobrina todo es poco.

De todas formas, volviendo al tema, comprendo perfectamente que los blogueros abandonen sus dominios ciberespaciales en verano, y es que si el que puede irse lejos no se va es que es tonto, con sus cinco letras bien grandes. Y yo que pudiera, la verdad. Que un día de estos me veo el Verano Azul en plan blogueros subidos a sus bicis y haciendo los vainas por la carretera silbando y comiendo helados, eso sí, con el portátil y la PDA a cuestas por si acaso.

Por cierto, me pido al Piraña...

P.D.: Perdonad el final tan precipitado, pero es que para comer me he zampado una pizza y medio litro de cerveza y la neurona patina, y patina, y patina, y... oh Dios mío, pedazo siesta me pienso dar...

Foiero

Decía una antigua pintada, eliminada hace tiempo, ya que la pared que la exhibía desapareció junto con el resto del solar, que en la Hoya no se folla. Lo que es por mi parte se cumple, ya que es como una especie de País Vasco dentro del territorio ilicitano, o al menos eso se interpreta de todos los comentarios que se pueden leer en la red de los propios vascos. Y es que en la Hoya, si hay que ser sinceros, no se folla, no.

De hay podéis deducir que el uso habitual por mi parte, bien sea en forma de nick o dirección de correo, del término foiero no obedece a ningún tipo de lenguaje sexual. Porque el hecho de que mi dirección de hotmail sea esa es simple y llanamente la disponibilidad. Cuando me registré allá por los años en que todavía no tenía intenné en casa y mi ordenador era un Pentium a 166, resultó que todos los que probé estaban cogidos y el motor de hotmail me ofrecía alguna combinación con números. Yo, que apenas logro recordar mi edad y mi fecha de nacimiento, y no recuerdo la edad de ningún otro miembro de la familia (las sé por las diferencias de edad; por ejemplo, con Hermana mediana me llevo 5 y con Hermana mayor 9, mientras que hermana mediana se lleva con Señor padre 29 y éste, a su vez, se lleva 1 y medio con Señora madre; lo mío es de juzgado de guardia, lo reconozco), ni siquiera de los perros, cómo iba a ser capaz de recordar un número que no deseaba; y en esa tesitura decidí buscar otras opciones. Entonces fue cuando, de repente, me dije a mí mismo: "Chaval, donde vives no ha llegado aún la red de redes, así que prueba con su gentilicio". Y funcionó a la primera. Al parecer el razonamiento vertido a mi mente, pensando en que los miembros del departamento de expansión de servicios, o como se llame en su caso, de Telefónica merecían ser intervenidos quirúrgicamente en mil operaciones innecesarias cada uno (denótese que aún no me llega el ADSL de las narices, yuhuu!), tenía su lógica. Por otra parte os recuerdo que vivo en una comunidad bilíngüe (y yo voy y me lo creo), así que, mientras que en regia lengua cervantina el lugar donde vivo se llama La Hoya, en pérfido (para algunos según se ve por algunos lugares) catalán / valenciano / comoossalgadelasnaricesllamarlo se denomina La Foia. Y como foiero es fonéticamente infinitas veces más agradable que hoyero, pues me quedé con la susodicha versión. ¿Veis como todo tiene su explicación lógica, simple y fácil de comprender?

Y sí, también me lo puse por el doble sentido que la gente le saca a la palabra. Es que me encanta...

P.D.: Con respecto a lo de la novela estoy pensando en ir publicando diferentes textos de la misma en otro blog, en cuanto consiga algo de documentación para poder empezar, claro está.

2 jul. 2008

¿Disfrutan los infantes la infancia tanto como los adultos el adulterio?

Últimamente, cosas del paro, me levanto a unas horas a las que me da tiempo de ver algunas de las series con las que se entretienen los más pequeñajos de cada casa y debo reconocer que hay una que me tiene enganchado, más incluso que a sobrina: Pocoyó. Y es que esta serie tiene todos los elementos para captar las mentes de los más pequeños, y la mía por supuesto: colores por un tubo, música adictiva y diálogos escasos. Lo de los colores, todo sea dicho, parece obra de un esquizofrénico adicto al LSD en pleno viaje psicotrópico, porque lo de pintar un elefante rosa sólo se te puede ocurrir en un mal viaje, por no hablar de un pato al que el pico le da vueltas alrededor de una cabeza que no se sabe muy bien donde empieza. Claro que viendo el episodio que he visto hoy lo de las alucinaciones psicotrópicas tiene mayor sentido, ya que Pocoyó andaba desesperado buscando caballo; bueno, específicamente, lo que él quería era un caballo, pero a mí me ha parecido una gran metáfora de un pobre yonki con su mono a cuestas.

Aún así hay que reconocer que mejora con mucho la oferta de programación infantil anterior, porque, ¿quién no recuerda a los Teletubbies? ¿Quién podría olvidarlos? Porque yo no puedo. Y eso que lo he intentado. Pero no hay forma de sacar de mi mente a Tinky Winky, Dipsy, Lala y Po, con esas pantallas en la barriga que repetían todo dos veces, esa tubbicrema, que tenía aspecto de vomito de sábado noche, esa aspiradora con la que practicaban sexo, o esa manía con tocar temas sexuales de forma nada encubierta. ¿Qué no? ¿Y esto qué es?


Y después nos preguntamos como la generación que vio los Teletubbies están más salidos que el pico una mesa. ¡Pero si mamaron esto desde la cuna!, nunca mejor dicho...

Claro que tampoco es que antes las cosas fueran mucho mejores. Yo soy de la generación Barrio Sésamo, que después nos lo cambiaron por Los mundos de Yuppi. Ante todo hay que decir que todas cumplen una característica fundamental: colores chillones. Si se hiciera un congreso de neurología infantil acababan vetando todos esos programas, por nocivos para la salud; que luego bien que decían que los Pokemon provocaban ataques epilépticos, pero viendo cualquiera de esos programas te quedabas daltónico como poco...

Pero ninguno de ellos podrá igualar a la más grande:

¿Acojona, verdad? Pues que sepáis que vuelve. ¡¿Por qué?!