29 dic. 2007

Propositando

Viendo que se acerca idefectiblemente la fecha del 31 de Diciembre y, por lo tanto y por si aún no os habíais percatado, el año nuevo está al volver la página del calendario. Mejor dicho al cambio del calendario. Y en estas fechas es habitual hacer repaso del año que se acaba y hacer propósitos para el año que empieza. Y como yo soy tan chorra como el más chorra de los mortales y me invade el mismo espíritu navideño que a todos, pues me da por hacer ambas listas.

Comenzaré dándole un repasito a mi año.
  • Ninguna lesión de gravedad, que eso es siempre de celebrar, si no tenemos en cuenta los dolores en ambas rodillas, en los lumbares, en las cervicales, torceduras de dedos, tobillos, etc... Vamos nada grave.
  • Ninguna relación seximental, que es siempre lamentable, muy lamentable, tremendamente lamentable. Vamos que sin novedad en el frente.
  • Ningún trabajo actual. Dejé el curro en junio por incompatibilidades académicas. Esa es una forma muy bonita de decir que cobraba una mierda y trabaja más que un tonto. Pero fue por una incompatibilidad académica...
  • Ninguna victoria en lo que llevamos de temporada. Mal camino llevamos...
  • Un grandísimo viaje por Alemania, que espero poder repetir algún día (como el de Roma). No todo iba a ser malo.
  • Algunos nuevos buenos amigos y algunos viejos amigos recuperados, que siempre viene bien.
  • Cuatro perros han pasado por casa de los cuales tres (Pongo, Rufo y Lula) fallecieron. De momento Lia, la última incorporación a la familia canina de la casa, sigue viva (y que dure, por Dios).

En cuanto a los propósitos descarto ya el de dejar de morderme las uñas, ya que lo conseguí el año pasado, el de dejar de fumar, porque primero tendría que empezar y no estoy por la labor, y el de apuntarme a un gimnasio, porque no lo necesito: con este cuerpo que la genética me ha dado para que iba a necesitar un gimnasio (denótese la ausencia de abuelas...). Así que los propósitos habituales no son para mí.

  • Encontrar pareja o perder la virginidad. Una de las dos. Si son las dos no me quejaré, lo aseguro. Tampoco me quejaré si eso pasa antes de que acabe este año, pero tengo claro que es tan poco probable que suceda que no me pienso calentar demasiado la cabeza. Ni la cabeza ni nada más.
  • Acabar el proyecto. Sí, que ya sé que lo tendría que haber acabado hace años. Y como ya no puedo echarle la culpa al trabajo, a la suerte o a la situación geopolítica de Oceanía, pues tendré que ponerme a ello. Si todo va bien y hay algo de suerte, en Marzo espero ser ya oficialmente Ingeniero Técnico.
  • Ganar el primer partido del año nuevo. Vale, sé que no depende de mí sólo, pero es contra el otro equipo que aún no ha ganado ningún partido, así que no debería ser demasiado difícil. O sí, que con nosotros nunca se sabe...
  • Meter más de diez puntos en un partido. Tampoco depende de mí, y últimamente recibo pocos balones, así que necesitaré un pequeño milagro para esto.
  • Hacer un mate. Creo que esto me lo propongo todos los años, pero siempre cuando acaba la temporada. Hasta ahora el resultado es totalmente negativo. Cada vez salto menos.
  • Encontrar un curro decente o, en su defecto, ponerme por mi cuenta. De lo que sea. Bueno , de lo que sea no, de chapero no...
  • Conseguir la serie completa de Stargate. Y si se le añade Atlantis mejor. Y las dos películas que tienen preparadas. Y... ¡Dios que friky soy!
  • Hacer un viaje más con la gente del equipo de veteranos. Da igual que sea a Salónica, a Amsterdam o a Dublín. La cosa es viajar con ellos.
  • Si lo del curro sale adelante, buscarme casa propia, y en vista de la situación actual del mercado inmobiliario, me da que me voy a tomar en serio lo de la casa prefabricada. Poco dinero y en medio del campo. Ideal que se dice.
  • Encontrar pareja o perder la virginidad. Ya sé que lo he dicho, pero o me lo repito a mí mismo o no me hago ni puto caso.

Creo que hasta aquí debería llegar la lista como máximo, más que nada porque si fuera más larga daría para tres años. Así que sin más, hasta la próxima y ¡FELIZ AÑO NUEVO!

18 dic. 2007

Elucubraciones sobre la complejidad de la mente humana: LOS FRIKYS

A veces me preguntan las amigas de mi madre: "¿Te has hecho ya novia?", a lo que siempre respondo lo mismo: "La novia ya está hecha, lo que pasa es que el día que se entere le da algo...". Y es que no es fácil comprenderme. Bueno, ni comprenderme, ni manejarme, ni soportarme. Especialmente lo último. A veces no me soporto ni yo mismo. Todos tenemos nuestro mundo interior, y en el mío reina el caos. No el desorden, que va; eso sería demasiado simple. Lo mío es el caos de carácter mitológico, como aquél que existía en el mundo antes de que aparecieran Gea y Eros espontáneamente de sus entrañas. El carácter de uno lo definen sus filias y sus fobias. Los miedos definen, fundamentalmente, lo que uno no es capaz de hacer o no se atreve a hacer. Los gustos definen hasta donde puede llegar el individuo. Hasta que grado de tontería claro está, y en mi caso la tontería se desborda por todas partes. Yo soy lo que, en términos tradicionales, podría llamarse "raro de cojones", pero por resumir a una sola palabra más actual, diremos que soy un friky.

Reconozcamos para empezar que ser un friky no es fácil. Siempre estás oscilando entre el raro simpático y el enfermo peligroso y, claro, así no hay quien sea capaz de asimilar las vicisitudes de uno, con todo lo que ello conlleva. Tus amigos tienen que ser igual de frikys o, en su defecto, bastante raros. Es mejor no mezclarse con monstruos, porque todo se pega menos la hermosura, y se puede pasar al estado de enfermo degenerado bastante fácilmente. A éstos se les identifica fundamentalmente por ser seres asociales cuya vida gira en torno a un único tema, sea cual sea. Claro, que bien preguntaréis ahora cómo es posible que si son seres asociales puedan juntarse con alguien. Y la respuesta la tenéis delante de vuestras narices: Internet. Y es que aunque la mayoría no salen de sus cuevas, estos seres tienen un ecosistema propio en la Red. No en vano la densidad de frikys por megabyte supera con creces la de frikys por km².

Por supuesto todo lo que rodea al friky tiene que ser diferente de alguna manera. El trabajo tiene que ser algo diferente, si no cualquier persona normal podría hacerlo. No sé, cosas como revisor de chimeneas industriales, sexador de pollos, técnico de ordenadores… La relación con la familia muy normal no es que sea, porque el frikysmo se puede llevar en el código genético, o por lo menos se filtra muy bien en los genes. Es lo que entra dentro del terreno de si el friky nace o se hace; por supuesto uno no nace conociendo el mapa de la Tierra Media, ni la guía de razas del universo Star Trek, pero está claro que tiene una clara predisposición a caer en las redes de lo extraño.

Y las relaciones de pareja son... bueno, son, digamos, complicadas. Como bien he dicho un friky es un ser especial, con unas limitaciones mentales bastante claras. Depende del tipo y nivel de frikysmo tendrá unas necesidades u otras. Si es un Treky irredento de los que se visten para las convenciones buscará mujeres como la teniente Uhura, Deana Troy o la capitán Jeaneway. Si es un Otaku vivirá buscando una hembra de piernas largas y ojos y atributos en general hiperdesarrollados como todo el manga expone de ideal de belleza (jamás entenderé a los japoneses, pero supongo que les gusta lo que no tienen a diario en sus casas...). Otros tirarán más para la princesa Leia o la reina Amidala (claro que estos tienen claro que no se van a comer un rosco en la vida porque el camino Jedi implica el celibato). Si les va el rollito élfico buscarán a Arwen o a Galadriel con insistencia. Y si lo suyo son los videojuegos, vivirán por encontrar a Lara Croft o a Chun Li (si son unos nostálgicos, claro está). Y así de forma sucesiva. Y si en algún momento consiguen encontrar lo que están buscando (caso escaso, todo sea dicho), se enfrentan a otro grandísimo problema: ella no les comprende. Hago un pequeño paréntesis para explicarme: está claro que la mayoría de los frikys son de genero masculino; hay mujeres, por supuesto, pero son pocas y permanecen ocultas, por lo que resulta harto complicado encontrar la versión femenina de uno mismo cuando se es friky. Además, por lo general, no cumplen con el canon que un friky de género masculino tiene preestablecido en su limitado desarrollo neuronal. Volviendo a lo que nos ocupaba, el pobre friky emparejado (especie que escasea ya que no es habitual verlo en pareja sino más bien en manada con otros de su mismo género) ha de enfrentarse a la incomprensión por parte de su pareja. El mundo no es justo; el mundo del friky es una putada. Y como llega un momento en que todo friky, como todo hombre normal, tiene unas necesidades específicas de carácter seximental, como diría Nuria Roca, el friky debe decidir hacía donde encaminarse: una vida de sufrimiento, dolor, desengaño e, incluso, desesperación, o quedarse soltero.

Yo soy un friky, lo reconozco y no me avergüenza decirlo (bueno, vale, un poco sí), y, por supuesto, no tengo pareja. La tuve, sí, pero hace tanto que no me acuerdo de cómo era. Fue cuando tenía 14 años, y para los de mi generación eso no cuenta; ahora ya es otro cantar, pero cuando yo era joven (más joven quiero decir, que si no parezco el abuelo Cebolleta), a esa edad aún estábamos jugando con el Scalextric o con los Playmobil. Ella era mayor que yo y quería de mí algo que yo no podía darle… entonces, claro está. Eso me pasa ahora y anda que me iba a plantear si se lo daba o no. Para mi desgracia mi problema no se reduce a mi frikysmo, además la mayoría de las mujeres piensa que soy gay (incluida mi madre). Quizá tenga algo que ver el hecho de que no se me conoce relación seria, madura, estable y duradera. Quizá sea porque ando todo el día rodeado de mujeres a las que jamás trataría de tirarle los trastos. Quizá lo piense porque estoy muy en contacto con mi lado femenino. No. Va a ser que lo piensa porque soy virgen.

Sí, soy virgen, ¿qué pasa? ¿Qué miráis con tanto estupor? No es cuestión religiosa. No tiene nada que ver una educación férrea en la moral católica. Se debe a un motivo fundamental: como buen friky, mi vida interior es abundante y abundantemente complicada, más bien absurdamente complicada, y, entre otras cosas, tiendo a imaginar como sería esa primera vez, y un hecho fundamental en esa situación, es que me gustaría que fuese demasiado romántico. Friky y romántico, mala combinación. Y si además le unimos una timidez extrema para con desconocidas el cóctel es brutalmente devastador, especialmente para mí. Y no es que no lo haya intentado, pero esos intentos han sido sumamente infructuosos y han dejado mella en mi, ya de por sí, maltrecha autoestima. Puede que las primeras calabazas fueran tan duras que aún me resiento, o las segundas, o las terceras... Está claro que esto no se va a solucionar de hoy para mañana. Primer propósito para el Año Nuevo: encontrar pareja, o, en su defecto, perder la virginidad. Lo que antes pase… (Me veo en nochevieja de 2008 mendigando amor...)

P.D.: MSV mío: sabes que nunca te pido nada, pero como guía de los raros del mundo, esa inmensa minoría, sabes que no es bueno que el friky esté solo. A ver si me haces un apañito, anda majo…

11 dic. 2007

De animalicos, verduricas y "tontos l'haba" en casas de cristal

Ésta sea quizás una de las dudas que más me corroe sobre mis congéneres bípedos y es que jamás comprenderé como puede el ser humano tener tal capacidad para tragar con cualquier mierda que le echen, sea del tipo que sea. La cultura basura está a la orden del día, y cuanto menos se tenga que pensar o esforzarse por uno mismo, mejor. De la comida basura ya hablaré en otro momento. Hoy le toca a la telebasura.

Determinar el momento en que empezó a aflorar este genero es complicado, principalmente porque no existe un canon preestablecido para identificar este tipo de programas. Un programa de debate no tendría porque ser considerado telebasura, sin embargo, según el contenido del mismo, el nivel de los contertulios y la neutralidad (o su falta mejor dicho, en asuntos de todo tipo) pueden convertirlo en el peor detrito de la pantalla. Del mismo modo no todos los programas que tratan los asuntos de la prensa del corazón son telebasura, porque dependiendo del enfoque del tema y de la forma de tratar al personaje objeto de la noticia, algunos superan con creces a muchos informativos que se ven por ahí. Por desgracia son pocas excepciones. También hay muchos que, aunque comenzaron siendo grandes ideas en la teoría, al cabo de poco tiempo sucumbieron al lado oscuro de la Fuerza... de la Audiencia. Al fin y al cabo "Crónicas Marcianas" comenzó siendo una magnífica idea, pero sus bondades duraron dos semanas. Y es que está claro que en la televisión que nos toca soportar el negocio es lo que importa y el que quiera cultura que apague el televisor y coja un libro, aunque también existe la literatura basura y ésta aún cuesta más de identificar.

La característica fundamental de la telebasura es, como dice un amigo mío, que entretiene y no engorda. Lo primero es cuanto menos cuestionable, lo segundo bastante inexacto, porque si bien habrá consumidores habituales del género que no dudarán en suministrarse su dosis sobre una cinta de caminar o una bicicleta estática, la inmensa mayoría lo hacen comadamente sentados. La cuestión es que cale en el espectador la necesidad de no plantearse que lo que ve no le reportará ningún beneficio y si una diversión, por decirlo de algún modo, efímera e insustancial. Al ser humano no le gusta preocuparse y si puede pasar 30, 40 o 50 minutos desconectado de la vida que le rodea pues mejor. Y si en vez de tan corto lapso puede ser todo el día mejor aún, porque así no nos preocuparemos de lo que realmente importa y otros opinarán por nosotros, y así nos evitaremos pensar. El resultado es una programación, en el global de los canales nacionales y la mayoría de los autonómicos, de la que podemos salvar escasos programas de factura propia. Personalmente, Telecinco y Antena 3 sólo tienen hueco en mi zapping para algunas series. Con Cuatro me pasa algo muy parecido, así como con la Primera. Caso aparte merecen La 2 y La Sexta, pero, como ya decía el anuncio, La 2 es "para una inmensa minoría" y La sexta está empezando.
Lo grave llega cuando la gente insiste en negar la evidencia. Ante las encuestas siempre decimos lo mismo: "¿Yo? ¿Qué veo en la tele? Nada. Apenas la enciendo. Si acaso para ver los documentales de La 2". Personalmente creo que los encuestadores por dentro deben estar descojonándose de la risa cuando reciben respuestas como estas de señoras saliendo del bingo; o como aquellos que dicen que sólo ven las noticias. Y luego no nos sorprendemos cuando "Aquí hay tomate" tiene los más altos índices de audiencia. Se decía en el blog del Descodificador que el estiércol es la base del tomate. Eso pasa ya sea de invernadero o catódico.

El problema es que no es único y exclusivo del tomate y otros muchos se nutren de la misma base. Telecinco de momento es la reina en este desolador aspecto, y no hay más que ver sus antecedentes y su programación habitual para darse cuenta. "Aquí hay tomate" es la evolución de lo que en su día fue "¿Qué me dices?", salvo que éste aún tenía algo de gracia por ser la novedad en su día. "El Ventilador" es hijo de "TNT", como éste lo fue de "Crónicas Marcianas" y éste a su vez de "Esta noche cruzamos el Mississipi". Aunque el programa de Pepe Navarro difiera del contenido general de "El Ventilador", hay que ir viendo la evolución a través de los pasos intermedios. recordemos que "Crónicas Marcianas", en sus inicios, se parecía muchísimo a su predecesor, pero con el paso del tiempo se dejó caer por la pendiente con degeneraría en "TNT". Por no hablar de "La Noria" y similares. En Antena 3 pasa algo similar en las tardes, con el remate de la noche del viernes, casualmente con los mismos protagonistas dirigiendo la nave. Dice un cuñado mío que la culpa la tienen la cantidad de periodistas que hay en paro en la actualidad; generaciones de estudiantes de periodismo que comenzaron la carrera con el prestigio que le había otorgado gente como Hermida y compañía. Demasiados titulados para pocos puestos de trabajo, más o menos como los telecos, y demasiada gente dispuesta a hacer cualquier cosa por una nómina. Como los telecos.

Mención aparte merece la llamada "telerrealidad". Al principio lo del "experimento sociológico" podía tener su gracia, pero en la segunda temporada ya dejó de tener sentido esa excusa. Tanto para "Gran Hermano" como para todos los programas surgidos a su sombra: "El Bus", "Confianza ciega", "Libertad vigilada", "Supervivientes" (aunque aquí tengan que sufrir para ganar), las versiones para famosos y los realities temáticos, bien sean de cantantes, actores (con tan nefastos resultados) o modelos. La cuestión fundamental es poder ver la vida de los demás, ignorando el interés que puede tener la nuestra propia. Aunque también puede ser que nuestra vida sea tan poco interesante que merezca más la pena vivir la de otros.

La cuestión está en los programas que han salido a la sombra de estos y como contrapartida humorística de tanta porquería televisiva. ¿Cómo consideramos a estos programas? ¿Son también telebasura, ya que se alimentan de la misma mierda? ¿O son recicladores, ya que la limpian y le dan un formato más atractivo y digerible? Hablo fundamentalmente de "Sé lo que hicisteis...", que le han dado un nuevo sentido a la prensa del corazón, demostrando lo profesionales que pueden llegar a ser los que se encargan de dichos menesteres. Y a pesar de nutrirse de la misma mierda no me imagino yo a Ángel Martín diciendo "¡Qué fuerteeeeeeeee!", como un Jorge Javier cualquiera. Ni a Paricia Conde saltándosele la vena. Ni a Miki Nadal de... bueno, a Miki uno se lo imagina casi en cualquier situación, para que vamos a engañarnos. Y a Pilar Rubio uno le gustaría imaginársela en muchíiiiiiisimas situaciones, pero me da vértigo sólo de pensarlo.

AY, que rica! ... la manzana, claro está.

Está claro que este programa sigue siendo del corazón, pero desde un punto de vista totalmente distinto al habitual. Bueno, más bien es un zapping de programas del corazón con unos comentaristas mordaces, especialmente Ángel Martín. Patricia Conde borda su papel de rubia tonta-psicópata esquizoide en una interpretación que jamás le habría supuesto. Su gran mérito ha sido el de enganchar a un grupo de gente que, como yo, prefería ignorar las noticias del corazón. Y con un programa diario, que no es tarea fácil. Esperemos que no cambien, y si lo hacen que sea a mejor, si es que se puede.

En definitiva, si queremos erradicar la telebasura primero tendremos que acabar con el "espectador-basura" que decide sistemáticamente seguir los citados programas. Ya que no podemos obligar por ley a que se eliminen esos programas, pues se atentaría contra la libertad de prensa, culturicemos al espectador medio para que elija ver cualquier otra cosa en la tele. Claro que siempre quedarán algún irreductible grupo de ultras que querrá seguir viendo basura, pero entonces a las cadenas no les quedará más remedio que hacer caso a las audiencias... o no.

6 dic. 2007

¡ESTAMOS DE ESTRENO,OIGA!

Dicen que en la vida para todo hay una primera vez. Algunas son, por supuesto, mejores que otras. Por ejemplo, recuerdo como fue de dolorosa mi primera vez... montando en bicicleta, claro está. Y es que acabé incrustado en un rosal, con lo molesto que resulta eso, ya ves tú. Por no hablar del primer día de colegio, en el cual sin comerlo ni beberlo me llevé una hostia del quince de un compañero; menos mal que fui el único que no lloré por ser el primer día, que si no ya hubiese sido de libro. Y la primera vez que subí en avión... recordé todas las oraciones de mi más tierna infancia del acojone que llevaba encima. Claro que peor fue la primera vez que el avión tomó tierra porque el piloto parece que quería batir un récord de velocidad en aterrizaje y casi se pasa la pista de como iba.

Luego, por supuesto, hay primeras veces memorables, otras de las que uno no se acuerda y aquéllas que preferirías olvidar. Uno nunca se acuerda del primer ciego, porque éste suele ser de los que pasan a la historia, claro que con las estupideces que se hacen en esos momentos es mejor no acordarse. No creo que sea muy divertido recordar ciertos ridículos que todos hacemos cuando vamos borrachos y es que algunos son tremendos. Supongo que a no demasiadas personas les debe hacer mucha gracia recordar como tuvieron que devolverlos borrachos a sus casas llevándolos entre dos o más personas, cruzando media ciudad a cuestas, parando cada dos manzanas para que eches la pota. O cosas peores que todos hemos visto, porque "yo nunca me he pillado tal ciego", ¿verdad?

Yo, por ejemplo, no recuerdo mi primer día en la universidad. Lo puedo imaginar, pero no recordarlo. Es fácil imaginarlo, más que nada porque aquello debía de parecer un campo de nabos. Y es lo que tienen las carreras tecnológicas. De un centenar de nuevos matriculados, sólo una chica de primer año entre el grupo de maromos post adolescentes ávidos de sexo. Y encima la pobre tenía el gravísimo defecto de estar buena, así que ya podéis imaginar como pasó la pobre sus tres años de carrera apartando moscones. Tenía novio, aunque su existencia nunca fue probada empíricamente por ninguno de nosotros; pero como su noviazgo no le impedía ir con tanguitas a clase, los tíos seguían babeando como bulldogs en celo.

Dicen que para todo tiene que haber una primera vez. Perdónenme, pero hay cosas que prefiero no tener que pasar por esa primera vez, como un análisis proctológico, un balazo en la pierna o que te la endiñe Nacho Vidal por donde amargan los pepinos. Llamadme tiquismiquis. Claro que hay otras primeras veces que uno espera con ansia, aunque sobre eso ya hablaré en otro momento, guarros, que no hacéis más que pensar en eso. Hubo otra primera vez que también esperé durante mucho tiempo, menos pero mucho tiempo. Y es de esas que no se olvidan. Fue en Bigastro (pueblecillo de la Vega Baja del Segura en la provincia de Alicante, para los que no sepan usar Google Maps) una tarde de sábado a las 5 y media de la tarde. Terreno resbaladizo poco apto para la tarea, pero peor era soportar a los que decían “a por el de la perillica, que se cree guay”. También que tener que recordar mi primer partido de baloncesto federado por esa frase…

Y todo esto venía a que esta es la entrada que inaugura este mi blog. No pretendo ser un referente ni que la gente me lea de forma continua, ya me conformaría con que alguien me leyese de vez en cuando y no le entraran ganas de apedrearme. No prometo actualizar diariamente, ni siquiera semanalmente. Actualizaré cuando mi inspiración me lo permita y cuando el tiempo acompañe, lo que comúnmente es más conocido como “cuando me salga de los mismísimos”.

Así que sin más me despido hasta una próxima entrega, que espero no sea dentro de demasiado tiempo.