18 dic. 2008

Ira

Uno, por decirlo claramente, se pasa bastante por el forro cuestiones teológicas fundamentales para otros aunque haya sido educado en la fe cristiana y tenga la firme creencia de que existe algo más que este mundo de mierda (algún día, si me pongo metafísico, explicaré porque lo creo), así que nunca le ha prestado demasiada atención a aquello que los más fieles creyentes denominan pecados capitales. Soy glotón, con lo que peco de gula; envidio a Sarkozy por zumbarse a Carla Bruni y a Adrien Brody por hacer lo propio con la Pataki, pecando así de envidía; me encanta dormir y rascarme las bolas sentado en el sofá, cometiendo el pecado de la pereza (no el grupo, claro está); me encantaría ser millonario y nadar entre monedas de oro como el Tío Gilito, con lo que cometo el pecado de avaricia; debo reconocer que a veces me sobro a mí mismo, pecando de soberbio, y , digamos que, si pudiera, me pasaría el día zumbando (como las abejitas no), con lo que estaríamos hablando de la lujuria. Pero creo que nunca he sentido ira.

Hasta ahora. Si, ya de por sí, el hecho de tener a los albañiles y fontaneros en casa no había logrado sacarme de mis casillas (no vamos a hacer chistes de Casillas y salidas a destiempo... por el momento), que por cierto, Señora Madre, por si tenía poco, empieza a rozar la neurosis paranoica con eso de que tenemos perdidas de agua por todas partes y nuestras tuberías deberían substituir a Concha Velasco en el anuncia de Tena Lady, una vieja amiga ha conseguido que de verdad siena rabia por primera vez en mi vida: la tele. Y no, la culpa no la tiene Telecirco y su manía de entrevistar a delincuentes, esposas de delincuentes y suegros de delincuentes, por no hablar de que no quieren que nadie ventile su mierda por el resto de medios en España. La culpa es de la publicidad.

A mí, que siempre me han gustado los anuncios bien hechos y con guiones divertidos (que no son pocos), por primera vez en mi vida me ha cabreado un anuncio. Y no sólo uno, no. Tres son los culpables. Y los tres son campañas institucionales, para más inri. ¡Qué se han gastado mi dinero para hacer esas mierdas! Bueno de mi dinero sólo lo que se va con el IVA, que de momento no contribuyo mucho más a las arcas del Estado. Lo cierto es que alguno de ellos incluso es pasable desde el punto de vista estético, y otro está bien en el fondo pero no la forma. El tercero no hay por donde pillarlo.

Pero comencemos por el primero. Supongo que ya lo habréis visto. Estéticamente es perfecto, buena banda sonora y geniales dibujos. Pero el mensaje patina un poco. Se trata de la campaña del ministerio de asuntos socials contra el maltrato infantil. Me explico, porque si no voy a quedar como un psicópata insensible que está a favor de que los niños sean maltratados y no es así; con los últimos sucesos que han pasado en nuestro país donde a una mujer quieren separarla de su hijo porque le metió una colleja y se estampó contra el lavabo, de forma totalmente accidental, cuando el crío era un cafre del quince que no hacía ni caso y se dedicaba a pegarle a la madre (a cualquiera de mi quinta y precedentes si hubiésemos hecho no nos hubieran dado una bofetada simplemente, sino que probablemente la manta de zapatillazos hubiese sido de aúpa), ciertos miembros de la política y la jurisprudencia se están volviendo locos y cualquier cachete lo considera maltrato. Tengo que advertir que a mí, Señora Madre me soltaba cuando me tenía que soltar, y no he salido tan mal creo, pero hoy en día, con tanta permisividad paterna, estamos creando una manada de cafres de cuidado, y seguro que a más de uno le vendría bien una manita de vez en cuando. El anuncio es este:



El segundo anuncio está muy bien en lo que propone, pero la forma lo pierde. Es el famoso anuncio de la campaña yopongocondon.com. Que estoy de acuerdo que hay que promover que la chavalería se ponga capucha, que luego van a peo y pasa lo que pasa, que hace tiempo que se olvidaron de la necesidad de taparse, pero de ahí a hacerlo a ritmo de hiphop todo con la letra O, cosa que podría haber sido absolutamente original si no lo hubiera hecho antes el gran Nach, consigue que no sólo el anuncio no resulte creíble si no que además resulta ridículo.



Por cierto, el plano en el que se ve de repente un búho disecado y algunas fotos ¿qué coño pinta? ¿Acaso decide ponerse la goma tras ver la foto de sus padres? ¿Sus padres se casaron tal vez de penalty por él y quiere evitar verse en la misma situación? Además si quieren hacer cosas como esa que aprendan del maestro (al que, por cierto, le copian alguna frase de la segunda estrofa en el anuncio).



Y por último uno sobre el que sólo diré una cosa tal y como la diría Nelson: ¡HA HA!



Si es que no aprenden...

Aún así, sigo opinando que hay un personaje en la publicidad en este país que debería haber sido detenido y expatriado hace mucho tiempo. No digáis que no pensáis como yo:

17 dic. 2008

El Escorial no se construyó en un día... ni en dos tampoco...

A lo largo del último mes, por si en mi casa pasara poco ya de por sí juntando mi situación de parado, la enfermedad de Señora Madre y un frío que pela debido al cambio climático (y a la crisis, porque no hay ganas de encender la calefacción para que no nos crujan con la factura de la luz; además de que está de moda echarle la culpa de todo a la crisis y yo no iba a ser menos), ahora, además, estamos pasando por una de las peores situaciones que puede pasar cualquier familia media española: estamos de obras.

Para empezar os diré que en absoluto es por gusto y gana, resultan del todo necesarias casi obligatorias. Hace cosa de un mes apareció por casa el revisor del contador del agua y muy amablemente nos dejó una pequeña nota donde decía que habíamos consumido agua en exceso, lo que podía acarrear una multa, y que si no se debía a causas naturales, debíamos tratar de ponerle solución de inmediato, vamos, que debía haber una fuga (y en ese momento me imaginé a Michael Scofield metido dentro de las paredes de mi casa...). Hace un mes repito. Ese mismo día nos pusimos en contacto con nuestro seguro del hogar (oigh, que fino), que al día siguiente nos mandó un fontanero para ver. Hasta hoy.

Digamos que la fuga, en realidad son dos. Bueno, eran dos. La primera, localizada dos semanas y media después de la primera intervención (olé los huevos del albañil que la encontró, porque el périto nos dijo que llamaramos nosotros a nuestro fontanero y a nuestro albañil para que ellos se encargaran de la reparación, ya que su fontanero no la encontraba el pedazo de... me callo), se encontraba en una tubería de agua caliente, que toda la familia sabíamos que debía ser la causante del problema (pero el fontanero del seguro decía que no, porque él no veía ninguna humedad, el muy... me callo). Reparada y sin problemas...

Los cojones, sin problemas. Al día siguiente nos dimos cuenta que el contador del agua seguía girando con todos los grifos cerrados, por lo que llegamos a la conclusión que debía haber otra fuga (lo que debía querer decir que ya estábamos en la tercera temporada de Prison Break). Después de confirmar que no se trataba del agua caliente de nuevo, pasamos a comprobar la fría. Bien, redujimos la búsqueda a la mitad de las tuberías de la casa; algo es algo. Descartamos las tuberías del piso de arriba, por dos motivos: son más nuevas y no habían manchas de humedad. Mejor, sólo nos queda el agua fría del piso de abajo. Claro que sería mejor si no fuese por un pequeño problema: No tenemos ni puta idea de por donde van las tuberías. Ni nosotros ni el fontanero que hizo la instalación (y mucho menos el fontanero del seguro, el cacho... me callo).

La cosa está en que entre todos (albañiles, fontanero y nosotros mismos) hemos llegado a la sabia conclusión que lo mejor que podemos hacer es cambiar las tuberías por completo. Y ahora mismo mi cabeza no da más de sí de los martillazos que llevo soportando durante toda la mañana. Y lo que me queda...

Por cierto, la lavadora también está rota, si sabéis de un técnico barato y bueno...

12 dic. 2008

Despropósitos anuales

Como algunos recordaréis, hace cosa de un año (algo menos si os ponéis quisquillosos), me dediqué a expresar en este mismo blo mis propósitos para el año que estamos a punto de dejar atrás. ¿Sabéis cuántos he cumplido? Uno o ninguno. Soy un hacha.

Para empezar hablemos del tema laboral. La cosa está muy malita, que diría Chiquito de la Calzada (fijaos si está mala que hasta me inspiro en el humor clásico y casposo de toda la vida; ni mi inspiración es lo que era; ¡PUTA CRISIS!). Después de una semana de prueba en una empresa y varias entrevistas de trabajo infructuosas he llegado a la conclusión de que me va a salir más a cuenta embarcarme en mi primer proyecto empresarial, que dicho así queda muy bien y espectacular, pero en castellano vulgar viene a querer decir "voy a ver si me busco las castañas por mi cuenta y no tengo que empeñar hasta el marfil de mis dientes para poder sobrevivir". Y es que sólo ponerme de autónomo ya va una pasta. Y como es obvio de lo de la casa ni hablamos, al menos de momento, porque mis perspectivas de negocio no me dan ni para alquilar una caseta de perro en un barrio pobre de la periferia.

Lo de los viajes con la gente del equipo viene relacionado con el tema económico. Y me jodió muchísimo no poder hacer la ruta del vino por La Rioja, la verdad. Con lo bien que se tiene que comer (y beber) por allí. Tampoco podré hacer el que tienen previsto para Semana Santa, aunque puede que a ese no vaya porque me voy a París con la clase de francés de la escuela de idiomas. Si la economía lo permite, claro. Por otra parte, todos mis propósitos relacionados con el baloncesto han sufrido cambios de 180 grados (es lo que tiene ser árbitro): lo de ganar partidos ya no es para mí, ahora prefiero ganar pasta pitándolos (mercenario me llaman) y poder hacer un mate resulta un sueño, no sólamente inalcanzable, sino, además, absurdo, porque ahora, al menos según mi impresión personal, cuando salto no sólo no me elevo sino que me hundo más en el suelo, cosas de ir contra las leyes de la física más elemental...

Lo de acabar el proyecto es algo que está ahí; es como ese lunar molesto que no te planteas eliminar hasta que se hace más grande. Lo malo es que a mí este "lunar" se me hace cada vez más pequeño. Me explico: sólo me queda un pequeño muro que salvar para tenerlo completo, y verme tan cerca del final me aperra cosa mala. Vamos, que igual el día menos pensado se me cruza un cable y lo remato, que igual lo abandono definitivamente, aunque esto último, aunque sea por pura honrilla de momento no entra en mis planes.

Y por último... ¡ay, qué queréis que os diga! Para empezar digamos que lo de tener novia, naranjas. Ya comenté en algún momento lo de que me había quedado muy pillado y demás; pues nada, pasó lo de siempre, porque si no hubiese pasado lo de siempre no estaría escribiendo lo de siempre (y paro que me rayo). Lo cierto es que estuve un mes bastante afectado, hasta que me dí cuenta de que no merecía la pena que me afectara. Y casualmente la vi allá por octubre con otro chico por la calle. Me alegro. Por ella y por mí, así no le doy más vueltas a la cabeza, lo que, en mi estado mental altamente esquizoide, es todo un alivio. Y algún día ya encontraré alguna pobre incauta que sucumba a mi arrebatador encanto personal... o a mi enorme fortuna...

Por lo demás sigo esperando la llamada del hospital para la "intervención". A este paso me da que pillo un cutter y acabo antes (claro que eso me recuerda a cierto episodio de House en el que un tío hace eso mismo y se me quitan las ganas...). Claro, que eso no es nada en comparación con la operación que se le espera a mi Señora Madre. Ya os contaré algo según avancen los acontecimientos, pero de momento adelantaré que irán directamente por la columna vertebral. Mal rollo, sobre todo si acaba resultando genético, como parece ser...

Bueno por lo menos uno de los propósitos sí que se cumplió: ya he visto Stargate completo... ¡pero qué enormemente friky soy!