03/11/2009

Ni tanto ni tan calvo, Calvo...

- Ya te vale, ¿no?
- Si yo no he hecho nada...
- Anda que no...
- Yo no quería...
- Es que vas ya a saco...
- Es que era joven, necesitaba el dinero...
- ¿Cómo?
- Estooo, que me lío,... que no pude evitarlo...
- Si yo que te excitases con Julia lo comprendo...
- ...
- Que te ponga berraco Noys Lambert lo acepto...
- Coño a mí también me pone berraco...
- ¡Bendito sea el futuro si las hembras son así!
- ...
- Pero, ¿qué te pase en medio de clase?
- Jo, si es que...
- Bueno, la verdad es que sus motivos tenía.
- Vale, razón tienes, pero demos gracias de que me siento en segunda fila y no delante del todo...
- Si, pero demasiado cerca de la pizarra...
- Y ese pantalón le quedaba...
- Y tiene unos ojos tan bonitos...
- Y ahora os ponéis todos de acuerdo. ¿Sabéis que me vais a buscar la ruina?
- Más quisieras...
- Arruinado ya estás...
- Y a peor no puedes ir...
- Ya, pero...
- Tú déjame a mí que sé lo que me hago, o eso creo...
- Qué Dios nos pille confesados...

24/10/2009

¡Chim pum!

... O se acabó lo que se daba, que viene a ser lo mismo. Vamos que me vuelvo a la calle después de una corta, aunque intensa, experiencia laboral de apenas cuatro meses. Los motivos: debido a la situación económica actual y ante el riesgo de que la cosa empeoré (si es que eso pudiese pasar) y dado que una nueva renovación de contrato implicaría hacerme fijo en la empresa (y tal y como está la economía no se atreven a poner fijos ni los clavos en las paredes...) deciden prescindir de mis servicios. La realidad: alguna mente pensante del departamento de personal hace cualquier cosa menos pensar, y la renovación anterior me la hicieron de un mes en vez de hacerla de tres (acabaré contrato el día 5 de noviembre cuando de la otra forma acabaría el 5 de enero), por lo que ahora en la tienda se van a ver con el culo al aire en llegar el mes de diciembre, que es por naturaleza el más complicado en esto de la informática, y sólo van a haber dos personas para el acúmulo de clientela de los días festivos. La solución: buscar a un pobre pringao al que explicarle en menos de una semana como funciona el programa y la forma de trabajar en la tienda (sin dejar por ello de atender a los clientes), para que antes del mes de diciembre consiga desenvolverse con la soltura suficiente para que no decaigan las ventas. Que les sea leve...

Por mi parte estoy extrañamente tranquilo. Ahora mismo debería estar tirándome de los pelos, pero la melena que me he dejado no se lo merece, la verdad. Lo cierto es que me lo veía venir cuando a finales de septiembre me dieron a firmar la renovación por sólo un mes, pero suponía que al acabar octubre me harían lo mismo para noviembre y así sucesivamente hasta que las ventas cayeran en picado. Y eso que el mes de septiembre fue bastante productivo y con un buen margen, superando En tres mil euros el objetivo fijado por la empresa. Pero como decía, los de personal demuestran tener pocos "recursos" mentales (perdón por tan absurdo chiste, pero acabo de volver de pasarme media hora mirándole los ojos a una tía por no mirarle el escote) y han decidido probar con el suicidio, para que luego digan de los de France Telecom.

Por previsión, y viendo la que se me venía encima, ya me encontraba inmerso en la búsqueda de empleo, más que nada porque hace cosa de dos semanas me surgió una inesperada oferta mientras atendía en el mostrador de la tienda, y ahora no es que esté la cosa para ir rechazando ofertas; por no hablar del posible negocio propio que andamos planificando A y yo, para cuando la cosa dé por rodar. Y seguiré con mis chapucillas, que siempre dejan algo de líquido en caja y así me mantengo entrenado y con la mente a punto para cualquier cosa.

Y empezaré a ir al gimnasio, por si todo se tuerce y al final hay que prostituirse. Qué nunca se sabe...

P.D.: No hay mal que por bien no venga, ahora no tendré que pedir días libres para el viaje a Zaragoza con los veteranos y podría irme a Kalsrühe si consigo reunir 400 eurillos de nada. Y tendré hasta tiempo para acabar el monólogo. Que sí, que sí, que va en serio...

01/10/2009

Despertares

- Parece que vuelves a estar vivo.
- ¿Por?
- ¿No es evidente?
- ¿Esto? No, bueno, es que,... ya sabes... estas cosas pasan...
- Sí, claro.
- Va, en serio, que sólo ha sido un acto reflejo.
- Sí, claro.
- De verdad. Si yo no quería, pero me lo empecé a imaginar.
- Sí, claro.
- Jo...
- Pero no te avergüences de ello, hombre, si es la mar de natural.
- Hombre natural, natural no sé. Aún hubiera sido con un buen escote o un buen culo...
- Hombre ya, pero es que Julia es mucha Julia.
-...
- La verdad es que tiene pinta de estar bastante bien. Y no se corta para nada en la cama...
- Parad, por favor...
- Y esas pecas...
- ...
- Pero eso de ir todo el día con el mono puesto.
- Por no hablar de su actitud tan extraña.
- Pero entiende que debe ocultarse por miedo, por eso no puede ser ella misma.
- Claro que mejor así porque cuando se suelta es una auténtica fiera...
- Por favor...
- Y con lo frágil que parece con ese cuerpo casi de niña...
- ¡Dios! Callaos ya.
- ¿Qué pasa?
- Creía haberte dicho que no quería volver a verte en una temporada.
- Sí, pero cuando te empiece a hacer caso ya lo sabrás.
- Tú sigue tocándome las narices y ya verás...
- No podrás callarme jam...
(PLAF)
- Vale, me relajo...
- Así me gusta.
- Espera un momento... ¿Le acabas de poner el ojo morado?
- Aún no, pero en un par de horas va a estar bien hinchadito...
- (...joputa...)
- ¿Decías?
- Nada, nada.
- Mejor.
- ¿Puedo decir algo?
- Te dejo.
- ¿Qué le pasa al calvo?
- Ha vuelto a la vida.
- ¿Y tanto alboroto por eso?
- Es que llevaba tiempo sin moverse por nada...
- ¿Y cómo se obró tal milagro?
- Pues fue extraño la verdad. Estaba yo leyendo 1984 cuando de repente...
- ¡Lo que me faltaba! Ahora se excita con un personaje de un libro...
- Pero que pedazo de personaje...

21/09/2009

Los buenos viejos tiempos

Hace unas semanas se me ocurrió ponerme a rebuscar por el feisbu a ver si localizaba algún antiguo compañero de los tiempos mozos del colegio o del instituto con los que, por un motivo u otro, hubiese perdido el contacto. No resultó una búsqueda demasiado fructífera en cuanto a la cantidad pero sí en calidad. Una de esas búsquedas me llevó a encontrar a un viejo amigo ahora, como yo, metido a blogger: Pablo Balboa. Un grandísimo dibujante que ya despuntaba en el instituto y que ahora se dedica a ello profesionalmente.

Y en homenaje a él, os enseñaré una tira que dibujó allá por el año 99 cuando aún andábamos por el extinto COU, "El parto del kiwi".




Como os decía, un genio del dibujo.

20/09/2009

Tenía que decirlo...

"La vida puede ser maravillosa"

P.D.: Sobre todo ahora que Andrés Montes parece que deja de retransmitir los deportes en la Sexta, o eso ha dicho él en directo...

17/09/2009

Algo más de literatura personal

Una de las ventajas de hacer limpieza general de mi habitación es que a veces me encuentro cosas realmente sorprendentes. La semana pasada (ya iba siendo hora porque la última creo que fue hace más de año y medio) decidí darle un repaso a fondo a todos los cajones y recovecos de mi escritorio (el armario caerá en breve, lo juro) y me encontré varias cosas interesantes: un módem de puerto serie, un teléfono inalámbrico, varias libretas casi sin usar y un reloj de pulsera al que le falta la correa. Llevo sin usar reloj como unos cuatro años, ya que batallar dentro de ordenadores con un reloj en la muñeca es algo incómodo y puede provocar accidentes, pero este reloj me traía buenos recuerdos y, además, me viene bien para los partidos ya que trae cuenta atrás. Pero al carecer de correa lo hace algo "difícil" de llevar por lo que tenía que buscar una. Recordé entonces que hace años me compré una correa de velcro pero no recordaba donde la tenía guardada (ahora creo que debe estar por los altillos de mi armario pero eso ya lo comprobaré en su momento), así que me puse a buscarla por todos los sitios que me sonaba. Tanto fue que busqué hasta por el piso, donde no vivimos desde hace 6 años, pero cabía la posibilidad de que estuviese allí. Y buscando me encontré con una vieja libreta donde tenía la costumbre de escribir algunas historias, que casi siempre dejaba a medias, o donde anotaba ideas para escribir en el futuro. Y me encontré una historia inacabada que hoy por fin he concluido, modificando algunas cosas y dándole un final por fin.

Y aquí os la dejo a ver que os parece.

Hay cosas en el mundo que son sencillamente inexplicables. Yo, sin ir más lejos, podría pasar por un tipo de lo más normal, quizás un oficinista medio sin más pretensiones que llegar a fin de mes, o un simple funcionario que disfruta con el placer de un desayuno de dos horas. La típica persona con la que uno se puede cruzar un día cualquiera por la calle sin prestarle ninguna atención, sin reparar en niguno de sus detalles, sin importarle lo más mínimo que al girar la siguiente esquina le atropelle un camión de reparto.

Pero lo cierto es que yo llevo una doble vida. Verán, siempre lo había mantenido en secreto, pero he llegado a un momento en que ya no puedo ocultarlo más. Quizás se deba a que, después de tanto tiempo oculto, la presión de ser un infanticida haya podido conmigo, o quizás, simplemente, sea que tras la última reunión del consejo mundial de monstruos, asesinos inmortales y seres diversos de caracter poco recomendable de frecuentar, conocido entre nosotros como el consejo del miedito, por resumir, el sorteo decidió que fuese yo quien debía darse a conocer en el plazo de cinco años antes del siguiente consejo. Odio el sorteo, siempre lo he odiado y siempre lo odiaré. ¿Qué necesidad hay de mostrarnos al mundo mortal? Siempre he pensado que es mejor que los mortales sigan especulando con nuestra posible existencia en vez de que la tengan confirmada por escrito, aunque siempre hay escépticos que nunca la creerán del todo.

Pero todos alguna vez hemos de pasar por el azar del sorteo. Es ley del consejo, y como ley la respetamos. Puede que las leyes de los mortales no nos afecten, pero los de los inmortales sí. Nadie sabe realmente que te puede pasar si incumples, pero llevamos tiempo sin ver al Tío Camuñas por las reuniones. Vale que no era uno de los más ilustres miembros, pero entre nosotros, a veces, se crean vínculos de amistad, y que desaparezca de la noche a la mañana te deja con una sensación extraña en la boca del estómago. Claro que no todos nos llevamos bien. Con algunos prefiero no relacionarme, especialmente con Baldomero. Lo conocí cuando no era más que un simple taxidermista allá en Jumilla. El pobre hombre sólo se alimentaba de la sangre cruda de los animales con que trabajaba y acabó por volverse loco. Hasta que un día se bebió la sangre de cierto aristócrata rumano que gustaba de visitar todas las costas mediterráneas desde Alejandría hasta Cartagena. Como fuera que el mencionado conde tampoco andaba muy bien amueblado de la azotea, Baldomero acabó por creerse también de sangre azul como su víctima y finalmente ocupó su lugar en cierto castillo de Transilvania del que sólo salía para alimentarse cuando era necesario. Él también contó su historia en su momento, claro que obviando ciertos detalles sobre su origen y exagerando algunos sobre sus romances. Y firmó con psuedónimo. Bram Stoker creo que firmó la novela. Pobre criatura atormentada...

Y es que lo de ser un asesino inmortal conlleva muchísimos problemas. Uno fundamental es mantener una pareja. Por mucho que dijera Baldomero sus conquistas no fueron tales y la mayoría de mujeres que lleva a la cama es previo pago. Y muchos dirán que el monstruo de Frankenstein tenía novia, pero eso sólo fue un invento de Hollywood para llenar los cines. Si yo os contara. Mejor dicho os lo cuento. Digamos que a su creador le parecieron superfluas "ciertas partes" del organismo de su creación así que, el pobre Paquito, que así le llamamos entre nosotros, no tenía forma de desahogarse con las féminas con lo que acabó por volverse loco. Es algo común entre los de nuestro género eso de volverse loco. Y el hecho de que hayan pocas mujeres entre nosotros no lo mejora en absoluto. La mayoría se fueron marchando conforme iban viendo lo que tenían alrededor. Yo mismo tuve un rollito con cierta sucubo pero sus gritos en los momentos de intimidad se me hacían insoportables. Pero es imposible mantener una relación con una mortal. A ver cómo le explicas a tú mujer qué son esas manchas de sangre que llevas en la ropa, o por qué sigues siendo joven mientras ella se arruga, que ahora con la cirugía estética es fácil de explicar, pero en el siglo XVIII eras algo más complicado.

Pero la historia de mi vida se remonta mucho más atrás, allá por el siglo XV. Malvivía por las callejuelas de Toledo, pidiendo limosna y comiendo lo que podía encontrar por la calle. Cierta noche, después de varios días seguidos sin tener nada que llevarme a la boca me encontré con una estampa que, en aquella situación, hizo que mi instinto comenzase a funcionar por encima de mi razón: Una mujer agonizaba en un portal, víctima de la tuberculosis, mientras un niño, seguramente su hijo, se abrazaba a ella. Ella no sobreviviría a esa noche y el pequeño no iba a correr mejor suerte. Y si yo no comía, tampoco acabaría la semana. Nadie le echaría en falta. Pero no podía dudar. Alguien, elegántemente vestido, había tenido la misma idea que yo y se acercaba al muchacho portando un saco. No podía desperdiciar mi oportunidad: me acerqué al muchacho rápidamente y tapándole la boca me lo llevé a un oscuro callejón apartado de miradas curiosas; allí mismo le partí el cuello sin pensármelo dos veces, aunque creo que no lo pensé ni siquiera una vez. ¿Qué hubiese pasado si no lo hubiese matado? Probablemente ambos hubiesemos muerto de hambre, pero eso no deja de provocarme un dilema moral. La desesperación hizo que el animal que todos llevamos dentro actuara por mí y como un animal me abalancé a mordisco sobre la tierna carne del muchacho. Tenía la sensación de estar viéndolo todo desde fuera de mi cuerpo. Cuando por fin sacié mi hambre volví a tener consciencia de lo que había hecho. Al girarme vi que el hombre del saco había presenciado toda la escena impasible. Me acerqué a él, entre temeroso y desafiante, y sin mirarme a los ojos me dijo:

- Bravo. Pronto tendrás noticias mías...

Se acercó al cadáver del chico, lo metió en el saco y se marchó.

Una semana más tarde volví a encontrarme con aquél hombre. Me llevó a su casa y empezó a contarme la increíble historia de su vida. Él, como yo, un día se alimentó de un niño, y ese día recibió un regalo, la vida eterna. A él le gustaba llamarlo "regalo", se le iluminaban los ojos cada vez que decía esa palabra. Yo lo veía como una maldición. Escucharle era atroz, no porque llevase años alimentándose de niños, sino porque lo contaba deleitándose en los detalles. Recordaba el sabor de cada una de sus víctimas, o eso decía él. Y me contó también lo de los demás, que éramos muchos iguales. Pensé que estaba delirando y que todo lo que me había pasado no era más que una mala pesadilla y que pronto volvería a ser normal.

No podía estar más equivocado. Descubrí que nada saciaba mi hambre, excepto la carne de niños. Cuando me vi tan desesperado él me tomó bajo su cuidado y me inició en nuestro inframundo. Se reía de mí porque yo mato a mis víctimas antes de comérmelas, por eso y porque elijo a niños que no van a poder sobrevivir. Él no. Él era cruel y despiadado. No elegía sus víctimas y mucho menos esperaba a que estuvieran muertas para devorarlas. Disfrutaba oyéndolas chillar cuando empezaba a morder su carne, hasta que dejaban de chillar víctimas del shock y morían. Mataba por el puro placer de matar, pero jamás intenté detenerlo. Disfrutaba con los gritos de esos niños y viendo el pánico en sus caras y yo, en cierta medida, lo veía normal. Hasta que un día le devolví el favor de hacerme ver en que me había convertido y lo encerré en un viejo sótano abandonado donde pedía clemencia para que le dejara salir. Pero por una vez fui más cruel que él y acabó muriendo convertido en un saco de huesos.

Por cierto, creo que aún no me he presentado. Me llamo Conrado Ximénez y sufro un pequeño problema de tartamudeo. Esto me valió para que el resto de seres del consejo me pusieran unánimemente mi nombre el día que me presente ante ellos. Yo soy el Coco.

04/09/2009

El insoportable devenir del tiempo...

- Te noto algo raro últimamente.
- Sí, bueno...
- ¿Te pasa algo?
- No, nada...
- Pues se te ve más apagado que la economía mundial...
- Y eso en ti no es muy normal que digamos.
- Pues yo me noto como siempre...
- ¡Anda ya, hombre! Que llevas todo el verano sin dar señales de vida, y mira que tú en verano no sabías ni lo que es una siesta.
- Si el domingo pasado, con la cantidad de carne que vimos, no dijiste ni pío...
- A todo esto, ¿cómo fuiste capaz de convencerme para tirarme por ese tubo?
- Pero bien que repetiste...
- Como para no hacerlo. ¡Qué sensación de velocidad!
- Ya te digo...
- Pues la verdad es que no me fijé en absoluto...
- Pues por eso te debe pasar algo...
- Yo me noto igual que siempre...
- Y yo trabajo de actor porno y hago seis películas a la semana, no te jode.
- Más quisieras...
- Pues la verdad es que es algo que no me apetece demasiado...
- Pero, ¿te estás escuchando?
- Que eso lo diga el vaina este, vale, pero que lo digas tú es como oír a Ratzinger Z decir que hay que usar condón y que los gays son sus amigos.
- Pues no me parece algo tan extraño.
- Hace poco decías que no le harías ascos ni a la cabra de la legión y ¿ahora dices esto?
- Habré madurado...
- ¿Madurar? ¿Tú? ¿Eso es posible?
- Que no os engañe...
- Anda, ¡pero si has vuelto a hablar!
- Anda, ¡pero si aún no te has ahogado en tu propio llanto!
- Mira que eres borde cuando quieres...
- Tan borde soy yo como capullo eres tú, pedazo de anormal...
- Yo no le aguantaba ni una más...
- Paciencia, pequeño padawan. Recuerda que la ira lleva al lado oscuro...
- Mientras no me lleve al cuarto oscuro, me la suda...
- Y tú dices que sabes que le pasa a este.
- Por supuesto que lo sé.
- ¿Intentas hacerte el interesante?
- No, el que intenta hacerse el interesante es el jefe desde que lleva coleta. Yo sólo mantengo el suspense.
- Habló el guionista de Perdidos. ¿Se puede saber qué es lo que le pasa?
- ¿Se lo dices tú o se lo tengo que decir yo?
- ¡A mí no me pasa nada, rediós!
- Entonces no piensas decirlo tú...
- ¡NO!
- Esa era tu última opción...
- ¿Pero pensáis decirlo alguno de los dos?
- ¡Yo no tengo nada que decir!
- MUAHAHAHAHA.
- ¡Malditos seáis! ¡Hablad pardiez u os atravesaré con mi acero!
- Responde ya que a este le va a dar algo...
- Al calvo le han salido canas...

CONTINUARÁ...

02/08/2009

Un, Dos, Estrés...

No sé si alguien lo había notado pero estamos en crisis. Una crisis acojonante de tres pares de gónadas reproductoras masculinas (para los de la ESO, cojones), de la que, según el gobierno saldremos el año próximo, según los expertos en cinco años y según la oposición nos llevará a un abismo de autodestrucción que derivará en el Apocalipsis y la venida final del Anticristo, dado el claro y evidente pasotismo del gobierno. Claro que según todos los indicativos económicos yo aún debería estar en paro, mendigando en las puertas de las iglesias y durmiendo con cartones por sábanas y estrellas por edredón. Pero va a ser que no.

Lo cierto es que llegó un momento allá por abril en el que realmente me planteé la mendicidad como forma de vida, ya que no me gusta el robo con asalto e intimidación, porque, aún siendo una forma más rápida de obtener beneficio económicos, entraña no pocos riesgos, y yo en la cárcel no duraba ni media hora. También pasó por mi cabeza dedicarme a la prostitución, pero dada mi dilatada experiencia en el terreno de lo sexual, me da que al final hubiese acabado pagando por tener clientas y eso, en un negocio que empieza, es sinónimo de futura bancarrota. Así que el trabajo que obtuve hace poco menos de un mes significó un alivio para mi cartera, mi cerebro y mi musculatura pélvica.

Pero eso sí, que agobio. ¿Qué dicen que hay crisis? ¡Los cojones! Esta semana he vendido una tarjeta gráfica de casi doscientos euros, un ordenador de más de mil doscientos y otro, comprado en sobre la marcha, por otros setecientos y pico euros. Por no hablar del resto de piezas, reparaciones y cosillas varias que la gente entra a pedir a todas horas. En total más de seis mil euros facturados en dos días para un total de casi sesenta mil en un mes. ¡Crisis! ¿Qué crisis? Si eso no es fomento del consumo...

Claro, que no todo podía ser tan perfecto. El cliente medio tiene la cochina manía de entrar a una hora determinada. El gran problema es que el cliente medio es en general una veintena de clientes y la hora de terminada es la misma hora para todos. Y si aún esa hora fuera a las diez de la mañana recién abierta la tienda no habría ningún problema, pero el cliente medio habitual entra a las dos menos cuarto y a las ocho menos cuarto, o lo que viene a ser lo mismo, cuando quedan quince minutos para cerrar la tienda. Y encima les sienta mal que bajes las persianas con ellos dentro para evitar que siga entrando más gente. Y además reparaciones que no se pueden atender mientras haya clientes en la tienda porque el mostrador no se debe quedar solo. Y por mucha crisis que haya la gente sigue comprando como locos. ¡Consumid, consumid malditos! ¡MUAHAHAHA!

Bendito estrés...

P.D.: Y por si faltase algo por eso de haber empezado a currar en julio me voy a tener que comer las fiestas de agosto en el curro (aunque viendo el cartel de conciertos de este año no sabría decir si eso es bueno o malo); menos mal que la Roà cae en viernes y el castillo de fin de fiestas en sábado. La putada es que no podré hacer la macrobarbacoa en mi casa la Nit de lÁlbà...

18/07/2009

Silencios cómodos

- ...
- Vaya, vaya. Así que ahora es él quien no piensa hablar, ¿cierto?
- ...
- Parece ser.
- ...
- Mejor. A ver si así deja de tocar los cojones durante una temporada, que ya está bien...
- ...
- Dice que te vayas a la mierda y te reboces con deleite en ella...
- Pero, ¿no decías que no hablaba?
- Y no habla. Pero entre que su cara refleja perfectamente lo que pasa por su cabeza y que de repente he desarrollado un poder telepático como el profesor Xavier, pues le voy pillando cosas.
- ...
- Ahora dice que a ver si yo te acompaño a zurrir mierdas con un látigo...
- Pues no sé por qué se pone así, la verdad. Se veía venir. Además el sábado nos lo pasamos bien, ¿no?
- ...
- Dice que miraste a una chica a los ojos durante más de dos minutos seguidos y eso que te había advertido.
- Ya. ¿Y qué? ¿Acaso no voy a poder mirar a cuantas chicas se crucen por mi camino?
- ...
- Dice que mirar está bien, pero por lo menos no te fijes en una a la que le van las tías...
- Ni que le fuera a pedir matrimonio. Además ya sé que ligar con ella es tan imposible como ver calidad televisiva en Telecinco. Pero tiene su punto...
- ...
- No voy a repetirte lo que acaba de decir, pero menos bonico te ha dicho de todo.
- Si en verdad yo le comprendo. Como nunca le han correspondido se tiene que desahogar de alguna manera.
- ...
- Dice que eso es culpa tuya por mirar objetivos imposibles, que él sólo es una mandado y que si el jefe no fuera menos previsor que el Pocero, que se pone a construir en medio del desierto donde ni dios piensa vivir, otro gallo cantaría.
- Ya, pero él es quien se emociona enseguida cuando una chica me habla. Que él es el que rápidamente se pone a mover el rabo como perrillo sin amo.
- ¿Me llamabais?
- ¡Qué oído tan fino tienes cuando te apetece, cabrón!
- Sí, bueno, es que pasaba por aquí y no he podido evitar oíros.
- No será a éste, que sólo le entiendo yo.
- ¿Ya está otra vez? Pues mira que yo debería tener muchos más motivos, que el sábado me volví a quedar en casa.
- No empieces con esas que ya sabes que saldrás cuando toque.
- Si lo que tú quieras, a mí ya me da igual. Pero no te olvides de que estoy aquí, que últimamente ya no juegas conmigo...
- Pareces un crío de tres años reclamando cariño.
- ¿Te estás metiendo con mi tamaño?
- Para nada, hombre. Para lo que haces es más que suficiente.
- Mejor di "para lo que me dejan hacer". Que yo sólo soy un mandado.
- Otro que tal baila...
- Y cuando el jefe quiere ahí estoy yo dando el callo...
- O provocándolos en las manos...
- Eso se llama "daños colaterales", chaval, y no es culpa mía. La naturaleza, que es así de cruel con los seres humanos.
- ...
- Dice éste que a ver si te operan de una puta vez y se les escapa el bisturí.
- Dile que no le escupo porque no me apetece.
- No te preocupes que sordo no está, simplemente ha decidido ponerse en huelga de comunicación.
- Pues que le den por culo, que con la de clientes gays que están entrando últimamente a la tienda alguno se ofrecerá...
- Y mira que el último tenía aspecto de girarme la cabeza del revés si me daba una hostia, pero que vocecilla tenía...
- Y que andares...
- ¿Y el "chao" que dijo al salir?
- ...
- Dice que a ver si os estáis amariconando también vosotros que él tiene muy claro que le gustan las tías. Y yo también.
- Y yo, por supuesto.
- ...
- ¿Tú no dices nada?
- Es que en tiempo de guerra todo agujero es trinchera...
- Pues lo que tú quieras, pero a mis soldaditos los mando a una misión aunque sea suicida, pero no a perderse por túneles oscuros y malolientes.
- Ya, pero...
- Ni pero, ni pera. Ya llegará tu momento.Y será con una hembra. Y, a ser posible, humana...
- Eso, pero no descartemos todavía a klingons ni a vulcanas.
- Vulcanas no que tienen que ser unas sosas de cuidado en la cama. Pero una klingon tiene que tener su morbillo arañando con esas uñas y esa fuerza...
- ¿Lo veis? Ya lo habéis conseguido. Ahora ya no me puedo agachar...
- ...
- Dice que sigamos haciendo el tonto y a la próxima tía que pase por la puerta de la tienda le entra allí mismo y sin miramientos. Y si nos denuncia por acoso, que nos jodamos...
- No hay huevos...
- ¿Qué no hay huevos?

CONTINUARÁ

16/07/2009

Asco de vida

Lapidario. Sentenciante. Un título digno de un contenido que no sería capaz de expresar en los términos en que parece presentarse. Tranquilos, aún no me ha dado por suicidarme, ni tan siquiera por coger una semiautomática y ponerme a pegar tiros en la Plaça de Baix. Bueno puede que esto último sí se me haya pasado por la cabeza, pero sólo un poquito. Lo cierto es que mi vida, ahora mismo, aunque con algunas pequeñas espinas, está bastante bien. O al menos está bastante bien si la comparamos con la de algunos de los que dejan retazos de su vida en la página ADV.

Por ejemplo, hoy leía la historia de un chaval al que sus amigos llaman "el Francotirador". Un fiera la criatura, ya que el día que perdió la virginidad y usando condón (como comenta después en otro ADV enviado) dejó a la chica embarazada. O los cornudos y cornudas que se enteran por el típico descuido con el móvil de mandar el mensaje a quien no se debe. O aquellos que son marginados dentro de sus propias familias. Y todo esto demuestra que por muy preparado que estés, si la vida te quiere joder, ten por seguro que lo hará. No es una cuestión del destino traidor, no, es que la naturaleza es impredecible y bastante japuta. Pero ella no tiene la culpa de ser rebelde, es que el mundo la ha hecho así.

Y por eso no me quejo. Bueno, no me quejo todo lo que podría quejarme, que mira que tengo motivos. Por ejemplo ayer, que cuando me puse encima de la bascula estaba por fin por debajo de los noventa kilos (ya os había dicho que me había puesto fondoncillo) y viene la mujer que limpia en casa y le dice a Señora Madre que me ve más gordo. A mí que llevo dos semanas cenando una miseria y con las tripas sonándome por las noches, acostumbradas como estaban ellas a esas cenas bestiales repletas de embutidos, quesos y grasas varias. Vale que no hago mucho ejercicio que digamos últimamente, pero tengo la sauna, bueno mi coche. Porque mi coche es una puta sauna, que no tiene aire acondicionado y en dos semanas que llevo trabajando no he podido dejarlo ni un día a la sombra, ya que aparcar en el centro de Elche a las nueve y media de la mañana es una misión imposible y me tengo que tirar más de media hora buscando aparcamiento hasta que alguien de repente abandona el suyo a diez manzanas de mi trabajo y cuando me faltan menos de dos minutos para entrar a trabajar. Y que, como ya he dicho, jamás consigo aparcarlo en un lugar en el que le roce una misera sombra, y cuando vuelvo al coche, caminando otra vez las diez manzanas de vuelta a las dos y media de la tarde bajo un sol que no lo soportarían ni los alacranes del desierto del Sahara, debo dejar las puertas abiertas dos minutos para que , por lo menos, los cristales de las gafas no se me empañen al entrar. Un coche que, por cierto, ha pasado por el mecánico dos veces en las dos semanas que estoy trabajando, la primera vez porque se me había roto el elevalunas eléctrico, porque como no tengo aire acondicionado no me queda más remedio que bajar las ventanillas, y la otra, que aún está el coche en el taller, porque el otro día aparcando me cargué el filtro del aire, que se me enganchó en un bordillo de los que aquí puso algún listo del ayuntamiento para proteger los contenedores de la basura. Y para rematarlo le digo al mecánico que me mire a ver por qué pierde agua y resulta que me tiene que cambiar el radiador entero por uno nuevo y a saber por cuanto me sale la broma; por no hablar de que se me olvidó comentarle que me revise las luces de los frenos que me da la impresión de que no me van demasiado bien. Y por si fuera poco tengo el ordenador con la tarjeta gráfica dando por saco hace cosa de un mes, pero hasta que no cobre no puedo comprarme una nueva porque, por si fuera poco, me he gastado los noventa euros que me quedaban en la cuenta de la caja de ahorros en mi matrícula de la escuela de idiomas, curso que, por otra parte, no sé si podré realizar debido al horario que aún desconozco que tendré en el trabajo una vez se haga efectivo mi traslado a la tienda en la que definitivamente trabajaré, pero donde seguiré teniendo los mismos problemas de aparcamiento y más cuando llegue el mes de septiembre. Y encima de que quiero comprarme una moto para ahorrarme al menos la media hora diaria de aparcar y el combustible que ello conlleva, Señora Madre dice que mejor me compro un coche nuevo con el dinero que aún no tengo y así me deshago del mío en el que me estoy dejando un pastón.

Pero no, apenas tengo motivos para quejarme...