9 jul. 2008

Mitología (III): Poseidón, el hermano húmedo

Sigo la serie de los dioses griegos con Poseidón, dios del mar y de los caballos. Para empezar digamos que Poseidón era hermano mayor de Zeus y fue tragado por su padre Cronos como el resto, aunque algunas tradiciones afirman que su madre, Rea, lo ocultó en un rebaño de caballos para que su padre no se lo comiera como al resto, pero aquí seguiremos el relato más tradicional y diremos que también fue devorado. Como los demás participó en la Titanomaquia, en la que Poseidón tuvo un papel destacado al mando de la escuadra olímpica, y como fuera que el puesto de dios del mar, que ocupaba el titán Océano quedó libre, Zeus se lo otorgó a su hermano mayor. Tras esta batalla los cíclopes y los hecatónquiros regalaron a los tres dioses principales unas armas que habían forjado durante su cautiverio en el Tártaro como agradecimiento por haber sido liberados: el casco de invisibilidad de Hades, el rayo de Zeus y el tridente de Poseidón. Pero todo esto no era suficiente para Poseidón. Él quería el poder absoluto, así que se conjuró con Hera y Atenea para derrocar a Zeus. Tras la intervención de Briareo, con las nefastas consecuencias para Hera que os contaba ayer, y para Hefesto, por encararse a Zeus, Poseidón fue desterrado a la esfera mortal durante un año, viéndose obligado a currar, como todos, para pagarse la hipoteca y el televisor de plasma que se había pillado de oferta en el Media Markt.

Así, buscando curro, el mortal Poseidón acabó a las puertas de Troya, cuyo rey, Laomedonte, conocido por ser un hijo de puta de cuidado, lo contrató para que construyera las murallas de Troya junto con el dios Apolo, que, casualmente, también andaba desterrado por aquél entonces. Cuando acabaron la obra, que tardó, porque primero no llegaban los camiones del material, luego tuvieron que rehormigonar, que cuando llovía los obreros decían que ellos no trabajaban y el del alicatado no se ponía de acuerdo con el maestro de obras para ver que azulejos ponían, pues ambos dioses habían recuperado sus poderes, aunque no se lo demostraron a Laomedonte en ningún momento. Resultó que al acabar sus divinidades quisieron cobrar el sueldo mínimo estipulado según el convenio del gremio de los obreros y el rey dijo que naranjas de la china, que se les había quedado una de las paredes torcida y que le parecía ver alguna grieta en otra de las paredes, y que habían entregado la obra con muchísimo retraso, lo típico que se dice para no pagar a los obreros, así que Poseidón y Apolo se enfadaron, normal por otra parte, y mandaron dos bestias para arrasar el reino: Poseidón mandó un monstruo marino que acojonó mucho al personal, mientras que Apolo envió un jabalí gigantesco que terminó de asolar el país. El oráculo profetizó que o entregaba Laomedonte a su hija Hesione en sacrificio al monstruo marino o las calamidades no cesarían jamás, pero Laomedonte dijo que a su hija no, que prefería sacrificar a la puta madre del monstruo. Casualmente (hay que ver la de casualidades que hay en la mitología), pasaba por allí Heracles en busca de aventuras (de las de pelearse y tal, no de las que se buscaba su padre), y le dijo al rey que se cargaría al monstruo a cambio de unos caballos divinos que tenía y que le iban a venir muy bien para montar una escuela de hípica superpija que estaba pensando montar el héroe. Laomedonte le dijo a Heracles que sí, que sí, que le matase al bicho y después hablarían. Y Heracles cumplió su parte, liberando a Hesione de su fatal destino, pero cuando fue a cobrar la deuda con Laomedonte, el rey le mandó a zurrir mierdas con un látigo (Muchachada Nui dixit), con lo que el héroe se sintió algo molesto, vamos, que se pilló un rebote de órdago, y se presentó frente a las murallas de Troya con un super ejército, con el que acabó tomando la ciudad y matando a Laomedonte y a toda su descendencia, menos a Príamo que fue el único de los hijos del rey que le decía "Papuchi, que ya te estás pasando; osea, paga que no te cuesta nada". Apolo entonces dejó de molestar al reino de Troya, ya que Príamo no tenía culpa de que su padre fuera un mal pagador, pero Poseidón dijo que por sus divinos cojones Troya acabaría destruida. Pero, aparte de rencoroso, Poseidón era tremendamente orgulloso con sus obras, y cuando los aqueos, en pleno sitio de Troya, decidieron construir un muro para proteger su flota, el dios del mar dijo que una mierda iban a construir un muro que dejara pequeña la muralla que él había construido y cuando iba a destruirlo Zeus apareció para impedírselo, con lo que Poseidón se enfadó y se largó pegando un portazo y diciendo que se llevaba el Scattergories porque era suyo. Aunque al final ayudó a los aqueos cuando los troyanos empezaron a darles pa'l pelo.

Cuando los mortales empezaron a organizarse en ciudades estado, los dioses empezaron a darse de hostias para ver con que ciudad se quedaba cada uno; como la cosas llegaba a límites de tensión que ríete tú del duelo Gallardón - Aguirre, siempre acababa mediando un tercer ser divino al que el asunto se la traía floja, o algún mortal de reconocida prudencia (al que solían acabar huntando de mala manera para que decidiera en favor de uno de los dioses). Pues Poseidón, que también quería parte del pastel en tierra, casi siempre perdía todas estas disputas, por lo que, si ya de por sí el dios tenía mal genio, acabó teniendo el carácter más avinagrado que la propia Hera. Para poneros en antecedentes, cuando quiso la ciudad de Corinto, Briareo (el mismo que lo puso en fuga cuando se le ocurrió conspirar contra Zeus), le concedió la ciudad a Helios, el dios sol; quiso ser venerado en Egina y se la quedó Zeus; Naxos se la quedó Dioniso, el borrachín simpático; Apolo le ganó Delfos, la del Oráculo; Trecén fue para Atenea; Hera se le adelantó con Argos, y así sucesivamente. Cada vez que perdía se pillaba unos cabreos monumentales, acompañados de inundaciones, olas gigantes y desastres marítimos varios. Porque claro, al señor dios del mar no le bastaba con tener consagrada para él solito la isla más prospera de toda la mitología, la Atlántida, y quería más y más. Lo que hace el ansia...

Pero metámonos en lo que al corazón del dios del mar respecta. Igual que Zeus también tenía su señora esposa oficial y legítima, en este caso Anfítrite (literalmente, la que rodea el mundo), que era una de las Nereidas (hijas de Nereo y Dóride). A Anfítrite la conoció un día que se hallaba bailando con sus hermanas en la isla de Naxos. Ella había hecho voto de virginidad, pero el Destino (con mayúsculas porque ya hablaremos de él, o ella, o él, bueno no está claro del todo) decidió que Poseidón pasará por allí en ese momento (¿Qué os decía de las coincidencias?). La ninfa bailaba tan sensual como Chiqui Martín, pero sin enseñar el chirri (con lo que el baile pierde un poco, la verdad), y Poseidón se dijo a sí mismo que esa moza iba a ser suya; pero el hombre era tan poco discreto que se lo dijo tan alto que todo el mundo en el cielo y en la tierra se enteró. La pobre muchacha se acojonó, cómo para no hacerlo, seamos sinceros, y se largó escopetada de Naxos y se ocultó en las profundidades del Océano más allá de las columnas de Heracles. Poseidón se puso cazurro y mandó a un montón de sus criados a la busqueda de la ninfa; uno de ellos, Delfino, acabó localizándola y Poseidón la raptó (como recompensa el dios colocó a su criado en la esfera celeste, en la constelación del Delfín). Y le comió tanto la cabeza a la pobre, que ella acabó aceptando el puesto que Poseidón le ofrecía a su lado en el reinado de los mares.

Pero Poseidón, igual que su hermano Zeus, pensaba más con el rabo que con el cerebro (¿he dicho yo eso?), y hasta en los romances decidió parecerse al propio Zeus. Encima el cabrón tuvo suerte, porque Anfítrite nunca pensó en vengarse, tal y como lo hacía Hera con toda la que se pasara por la cama de su esposo, porque por más que Poseidón tuviera un amor en cada puerto, nunca mejor dicho, siempre volvía a los brazos de su amantísima esposa. Originariamente no tuvieron ningún hijo, pero algunos les atribuyen la paternidad de Tritón. A lo mejor era por esto por lo que Anfítrite consentía que el dios del mar le pusiera unos tochos que no le cabrían por las puertas del Olimpo, para extender su sangre divina por la tierra. Pero a diferencia de su hermano, que engendraba héroes, Poseidón iba dejando pequeños monstruitos por el mundo.

Con Toosa, ninfa marina y hermana de las Gorgonas, engendró (nunca mejor dicho) al cíclope Polifemo. Con Medusa, la única Gorgona mortal (a la que violó y después de violarla fue cuando ella se puso tan agria, normal por otra parte, que le salieron las serpientes en la cabeza, y convertía a todo el que la miraba a los ojos en piedra), tuvo al gigante Crisaor y a Pegaso. Inciso: puede que Pegaso no os parezca precisamente un monstruo, pero si parir un caballo con alas os parece normal, hacéroslo mirar. Con Anímone, hija de Dánao (no era el de los yogures, por si os confundís), tuvo a Nauplio, azote de los aqueos. Con Ifmedia tuvo a los Alóadas, llamados Oto y Efialtes, que en su momento intentaron dar un golpe de estado al Olimpo, pero Apolo se lo impidió a flechazos. También fueron hijos suyos Cerción y Esción, malvadísimos bandidos, Lamo, que fue rey de un pueblo caníbal y el cazador Orión, cuyo mito ya contaré en otra ocasión. Finalmente tuvo una serie de hijos con Halia, otra ninfa marina hija de Ponto y Talasa. Una de ellas, llamada Rode dio nombre a la isla de Rodas, pero el resto, a los que Afrodita volvió locos, fueron enterrados vivos por el propio Poseidón al intentar violar a su propia madre, que tras tan bestial sepultura se arrojó al mar desesperada, vamos que aunque la fueran a violar no dejaban de ser sus hijos, faltaría más...

Por cierto, Poseidón también tuvo un rollete gay, como Zeus con Ganímedes, pero en este caso Poseidón se adelanto a su hermano. El chaval en cuestión fue Pélope, hijo de Tántalo (de quien ya os hablaré largo y tendido cuando llegué su momento, porque la historia de soberbia, crimen y antropofagia tiene miga). Dicen que era hermosísimo y Poseidón lo secuestro para convertirlo en su amante en el Olimpo.

Luego ya vino lo de su mosqueo con los Argonautas, pero eso es otra historia...

Y en el próximo capítulo Hades, el chico malo del Olimpo.

1 comentario:

Marisabidilla dijo...

Menuda joya el colega... Y que simiente más nefasta..