23 ene. 2008

¿A que huele la victoria?

Vale, reconozco que dicho así parece un anuncio de compresas, pero hacía tanto tiempo desde la última vez que ganamos un partido que la sensación en estos momentos es de extásis absoluto. El sexo debe ser parecido a esto. Y primero de los propósitos para este año cumplido.

Además, lo mejor de todo, es como se ha ganado: sufriendo, defendiendo con los huevos pegados al suelo (perdón por tan exagerada afirmación, pero es más o menos como ha pasado), con un partido ajustado hasta el final y con una canasta sobre la bocina cuando el marcador daba un empate y una prórroga casi segura. Bueno, para ser más exactos a falta de 9 segundos perdíamos de dos puntos y entre Carlos (por fin centrado) y el árbitro (hay que reconocer que la antideportiva ha sido más que rigurosa, pero antes había echado igual de rigurosamente a Tommy y a Sergi) han acabado por arreglar el partido. Suerte que Carlos en los momentos decisivos tiene el pulso frío y ha anotado los dos tiros libres. Lo de la canasta posterior ya era más apoteósico. en 9 segundos de posesión desperdiciamos un tiro y los rivales la pierden a falta de dos segundos. Saque cómodo, Carlos finta, bota y tira con oposición (y falta no pitada, todo sea dicho).

Y apoteosis general. Y pistoletazo de salida para lo que debería ser el renacer del equipo. Lo de hoy era sólo un partido. Además, teniendo en cuenta los últimos partidos estaba claro que tarde o temprano teníamos que ganar de una vez por todas. Ya habían sido muchos palos y derrotas ajustadas y había que ganar del mismo modo. Va a ser que nos gusta sufrir. Pero así se disfruta más, muchísimo más. A ver, ganar de calle tiene su gracia, por supuesto, y no voy a ser yo quien lo niegue. Pero ganar con apuros tiene ese extra de adrenalina, nervios y tensión que hace que cuando se acaba el partido la euforia acabe por dominarte en un orgasmo de baloncesto sin parangón.

¿A que huele la victoria? A sudor. Bueno, y a Reflex también...

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