11 may. 2008

Cambiar pa na es tontería...

Ayer recibí uno de esos calificativos que te llegan al alma, de esos que nunca se olvidan, de esos que te identifican más que ningún otro. De esos que no sabes muy bien si es un insulto o un halago, pero como uno está bastante optimista la última semana pues se lo toma por el lado positivo. Que para tomárselo a mal siempre hay tiempo, pero no demasiadas ganas. Además viniendo de Manu, hasta los insultos sientan bien.

La primera referencia que tengo del susodicho término viene del bló de José A. Pérez, del que me declaro asiduo y mi amigo Manu, aunque no se declara, seguro que también lo ha leído de vez en cuando. Se trataba de una profética entrada muy en su línea habitual. La cosa está en que, como esto de cumplir años a uno le vuelve un poco gilipollas y le da por hacer tonterías, he decidido redecorar mi vida, que dirían los creativos que les hacen la publicidad a IKEA. En mi caso me he redecorado a mí mismo. Tranquilos que no he pasado por el quirófano, el día que lo haga será por motivos únicamente de salud.

El miércoles pasado cumplía los 27 como ya he dicho y, como suele pasar todos los miércoles, tenía un ordenador que reparar. Era en una peluquería y se me ocurrió preguntarle a la dueña que me haría en el pelo. Ella hizo una propuesta y me dijo que fuera al día siguiente. Sólo tengo una frase para ella: ¡Olé tus webos! Tratamiento desrizante, con lo que cuesta decir eso y lo fácil que después se peina uno. Que a vosotros os parecerá una tontería, pero no veas el tiempo que me ahorro ahora por las mañanas. Y eso fue sólo el principio, luego ya vino el cambio de la perilla, que lo del cambio era costumbre habitual cada mes, pero esta va a ser más definitiva.

Las gafas nuevas llegaron al día siguiente. El hacerme un par nuevo de gafas era una cuestión totalmente necesaria, más que nada porque como me parase la autoridad al volante se me caía el pelo por no llevar el par de repuesto en el coche. Y es que las que llevaba de repuesto me las robaron el año pasado junto con la radio del coche, una chaqueta de chándal y un juego de destornilladores; que lo de la radio lo entiendo, pero unas gafas graduadas, un juego de destornilladores y, lo más extraño, una chaqueta de chándal del equipo que llevaba en el coche sólo para casos de extrema necesidad, no soy capaz de comprender que mente enferma es capaz de robarlos. Como decía, las gafas nuevas llegaron el viernes. Patillas de pasta rojas y negras, con semimontura al aire metálica en negro mate. Parezco un comercial de Alain Afflelour. Elección de Almu, que, como mujer que es, tiene mejor gusto para estas cosas. Yo estoy más bien peleado con el estilo.

Claro, que esa pelea estilística parece que ha tocado a su fin, más que nada porque ahora mismo ya me la pela bastante, sobre todo cuando el calificativo fue el que fue. Y acompañado de un "ya te pones el traje negro y te pones a contar monólogos y eres Buenafuente". Que a uno lo comparen con Buenafuente cuando hace dos meses lo comparaban con Berto significa o que algo he evolucionado o que, definitivamente me he hecho mayor. Y más cuando a Buenafuente lo sigo desde que estaba en TV3 (algún día me pondré con las protestas sobre la retirada de TV3 de mi televisión, pero con tiempo para documentarme), y es mi ídolo.

Y ahora que lo pienso, ¿por qué coño estoy dando tantas vueltas para decir lo que me dijo Manu un sábado por la noche? Quizás porque me llegó al alma. ¿Qué me dijo? "MODERNO DE LOS COJONES". Lo dicho, en medio en medio.

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