13 jul. 2008

Mitología (V): Afrodita, el furor uterino hecho diosa...

Afrodita, la diosa del amor y del sexo, no nació de un polvo. ¿Pero cómo es eso posible? os preguntaréis. ¿Recordáis que Urano era bastante libidinoso y que su hijo Cronos le cortó el cimbrel a petición de su madre? Pues, por lo visto, algo de potencia debió quedarle a aquel miembro seccionado, porque al caer al mar fecundó a la espuma marina y de ahí surgió Afrodita. Apareció flotando en el mar en una concha nacarada (no piensen mal los lectores argentinos, por favor), que le servía de cuna y transporte a la vez, y las Nereidas y Tritones, y el resto de criaturas marinas corrieron a ver la belleza de la diosa. En realidad corrieron a verla en pelota picada porque la mozuela iba en porretas y al sentir el roce del aire en su piel suspiró orgásmicamente de modo tal que se estremeció el universo entero. Entró bien en el mundo la moza.

El mar siguió meciéndola hasta llegar a las costas de Chipre, donde desembarcó finalmente de su concha. Se escurrió el agua de su larga melena y las Horas acudieron a su encuentro y se ofrecieron a ser sus preceptoras: una velaba sus sueños y la despertaba suavemente, otra le enseñó a arreglarse para volver locos a dioses y humanos (creo que se llamaba Llongueras), otra le traía alimento cada día y el resto le enseñaron cualidades humanas como ternura, prudencia, bondad, etc, lástima que los humanos las olvidaran. Pronto la Fama, mensajera de Zeus, proclamó por todo el Olimpo las excelencias de la nueva diosa y todos los dioses fueron a conocerla; los dioses por puro impulso sexual y las diosas por pura envidia. Afrodita apareció en el Olimpo acompañada por sus servidores Eros e Himeros (amor y deseo respectivamente). Su llegada al Olimpo fue como la llegada de los Beattles a Madrid en los tiempos de Franco y todos los dioses aullaron como perros en celo. No así las diosas (aunque Artemisa siempre me pareció de la otra acera y probablemente también aullara), que empezaron a hacer muñequitos vudú para putearla sin fin, especialmente Hera y Atenea, que si la hubiesen podido matar, lo hubiesen hecho. Hasta Zeus le tiró los trastos, pero entre la juventud e inexperiencia de Afrodita y su señora Hera prefirió echarse a un lado; siempre tendría tiempo para liarse con ella en el futuro. Así que decidió emparejarla en casamiento con Hefesto, el bonico del tó, para evitar posibles disputas en el Olimpo, que si ya tenía poco con lo que tenía acabó cargando con unos cuernos que ni el mejor de los Miura...

Y con lo buena que estaba no iba a tardar en ponérselos. El primero que apareció en su cama fue Ares, el dios de la guerra. Se presentó ante ella con toda su equipamiento militar, casco incluido y le dijo algo así como "tú, yo, kiki, ahora", que los militares, normal por otra parte, después de un tiempo de batallas están locos por llegar a casa y meter. Claro, la pobre Afrodita se asustó ante un ser tan brusco, pero en cuanto el guerrero empezó a despelotarse a ella se le quitó la tontería de golpe. Y se pusieron a procrear. Tuvieron tres hijos, Deimos, Fobos y Harmonía, que pasaron por ser hijos de Hefesto, que de tan bueno que era era tontísimo, porque el hombre iba por ahí regalando puros en el bautizo de las criaturas cuando todos tenían la mismita cara de Ares, hasta que un día se les hizo de día en la cama a la parejita y Helios los descubrió, y el muy cotilla del dios del sol corrió inmediatamente a contárselo todo al cornudo. Hefesto se cabreó y tejió un red de hilos de cobre tan finos que eran invisibles, pero completamente irrompible a su vez. Cuando Afrodita volvió a casa, contentísima porque había tenido cinco orgasmos seguidos o así, le dijo a su cornudo esposo que venía de unos asuntillos que había tenido en Corinto que la habían mantenido muy ocupada y Hefesto le dijo que se iba un par de días de meditación transcendental a Lemnos. En cuanto Hefesto salió por la puerta, Afrodita llamó a Ares para que fuera a su casa y cuando estaban en mitad de la faena la red se cerró sobre ellos, con lo que jode que te corten el rollo en mitad del polvo. Helios avisó a Hefesto de la captura y el herrero llamó a todos los dioses del Olimpo para que vieran a la parejita en acción. Alí se plantaron todos los dioses, mientras que las diosas, pudorosas ellas (aunque ya os digo que Artemisa capaz que entró), se quedaron fuera de la habitación. Todos empezaron a reírse de la captura, pero Apolo lo dijo a Hermes si no le gustaría estar bajo la red en vez de Ares, a lo que el dios mensajero le dijo que aunque fuese con una red muchísimo más fuerte, estaría dispuesto a sufrirlo con tal de un polvo con la diosa. También Poseidón le dijo a Hefesto que si decidía repudiar a Afrodita que él estaba dispuesto a ocupar el lugar de Ares, que soy yo Hefesto y como poco le escupo en la cara, vamos...

Pero Hefesto estaba loco por Afrodita (ya se sabe que tiran más dos tetas que dos carretas y, por lo visto, las de Afrodita eran equivalentes a dos trailers de 8 ejes...), así que acabó liberándolos y la pareja huyó cada uno por su lado. Afrodita tuvo entonces un rollete con Hermes del que nació Hermafrodito (que no es que tuviera los dos sexos desde su nacimiento, pero eso ya os lo explicaré). También tuvo lo suyo con Poseidón. Al parecer también tuvo una aventura con Dioniso, el dios de "sexo, drogas y rock&roll", con quien, al parecer por supuesto, engendró a Príapo, un niño horrible, pero con un rabo que ya quisiera Nacho Vidal y continuamente empalmado; tan grande la tenía que no podía consumar con ninguna así que al pobre no le quedó más remedio que dedicarse a los trabajos manuales, pasando a la historia como el inventor de la masturbación (ese si es un gran invento y no la penicilina...). Después, cabreada aún con el sofoco que le había provocado su marido (cuando el cabreo lo debía tener Hefesto, la verdad), se enrolló con Apolo y la suya parecía una historia de cuento, pero Apolo se encaprichó de Anfítrite y un día Afrodita se quedó esperando a su amado sin que este apareciese.

Al poco tiempo, la esposa de Cíniras, rey de Chipre, comenzó a chulearse de que su hija, llamada Mirra, era mucho más hermosa que la propia Afrodita. La diosa ofendida, sacó la Jenny que llevaba dentro, pero en vez de partirle la cara a la reina, hizo que Mirra se enamorara de su padre. Una noche la nena emborrachó a su padre hasta que no se diera cuenta de lo que hacía y se lo tiró; así durante once noches seguidas, hasta que la última vez el padre se dio cuenta e intentó matar a su propia hija por aquello. Ella, que se había quedado embarazada de tan incestuosa relación huyó hacia el monte e invocó a los dioses para que la protegieran, y estos respondieron transformándola en el árbol de la mirra. A los diez meses la corteza del árbol se abrió y apareció un bebé al que llamaron Adonis. Afrodita, arrepentida de su comportamiento vengativo recogió al bebé y se lo entregó a Perséfone sin dar más explicaciones. La reina de los muertos, una vez en el palacio del inframundo abrió el cofre, encontrando al bebé y decidió criarlo como si fuese su hijo, ya que ella no tenía ninguno con Hades. El nene creció y como era un veinteañero de los más apetecible, acabó en la cama de Perséfone, que también le daba a lo de poner los cuernos. Afrodita reclamó entonces al chaval, pero Perséfone la mandó a freír espárragos y le dijo que lo hubiese cuidado ella. Afrodita entonces acudió a Zeus explicándole el asunto y el jefe de los dioses dijo que si la pelea era por ver quién se cepillaba al mancebo que él pasaba del asunto, y le pasó el marrón de decidir quién disfrutaría de las artes amatorias del joven a la musa Calíope. La musa decidió que las dos tenían los mismos derechos sobre el muchacho y que él, además, tenía derecho a descansar de los requerimientos sexuales de ambas, así que se decidió dividir el año en tres periodos en los que el muchacho podría pasar de una a otra cama y a la tranquilidad de no tener que satisfacer a ninguna. Pero Afrodita se pasó el Fair Play por el forro del tanga y hechizó a Adonis para que renunciara a su periodo de descanso y para que faltara a sus citas con Perséfone. Ésta, despechada, acudió a Ares y le dijo que Afrodita pasaba mazo de él y que estaba con Adonis, con lo que el dios de la guerra se mosqueó, porque Adonis, además de mortal, perdía algo de aceite, así que Ares se convirtió en jabalí y destrozó a Adonis delante de Afrodita, sin que la diosa pudiera salvarlo. Para que aprendas a chulear al dios de la guerra...

Después Zeus picó a Afrodita para que se enamorara de Anquises, rey de los dárdanos y nieto de su antigua amante Ío, así que la diosa, que ante todo disfrutaba del sexo como una loba, fue a por el joven y lo sedujo, haciéndose pasar por una mujer frigia (no le falta ninguna "d", tranquilos). A la mañana siguiente Afrodita reveló a Anquises su verdadera identidad y el pobre se cagó vivo, pero la diosa le dijo que no se preocupara, que el hijo que habían concebido juntos se haría famoso. Pasó el tiempo, y en una ocasión que Anquises estaba de farra con unos colegas le preguntaron si preferiría hacerlo con la hija de fulanito o con Afrodita, a lo que Anquises contestó que no podía responder, porque como se lo había hecho con las dos ya, pues la pregunta no tenía sentido. Zeus que oyó la fantasmada del rey dárdano (aunque no dejaba de ser cierto), quiso destruirlo con un rayo, pero Afrodita lo evitó, aunque Anquises se vio tan afectado que nunca jamás volvió a caminar. Afrodita dio a luz a Eneas (el de la Eneida, sí señor), que llevó la cultura al reino del Lacio.

Os había dicho al principio que Afrodita apareció en el Olimpo acompañada de Eros e Himeros. El segundo está relacionado con el amor loco y se le conoce más habitualmente como Cupido, hijo (de padre desconocido) de la propia Afrodita. Cuando Zeus lo vio, se dio cuenta de lo peligroso que podía llegar a ser, así que le dijo a la diosa del amor que se deshiciera de él. Ella lo ocultó en un bosque donde lo criaron las fieras; siendo niño se construyó un arco y flechas, y se convirtió en un tirador acertadísimo. Más adelante cambió su arco original por uno de oro y la nereida Tetis consiguió que Zeus lo recibiese en el Olimpo el día que se casó con Peleo. Y desde ese día a jodernos la vida con las flechitas del amor. Cabrón...

Así que ya veis que Afrodita también tenía su carácter, pero con ese cuerpazo se le perdona todo. Y ya os contaré más cosas de ella cuando hablemos de la guerra de Troya, ya que la muy inconsciente tuvo buena parte de culpa...

Y en el próximo capítulo, el cornudo mayor del Olimpo, Hefesto.

4 comentarios:

supersalvajuan dijo...

Joder, con Urano. Y yo que solo lo veo una vez al año en el Entierro de la Sardina. Pardiez.

La aspirante dijo...

¡Quiero más Mitología!

Marisabidilla dijo...

Yo ya me estoy planteando esto de la monogamía... a ver si los dioses tienen razón y hay que cornear y ser corneado ...

Juani dijo...

vamos a ver por donde empiezo:
1. a Eros lo conocia, pero oficialmente a Himeros, no!!!. Bueno es saberlo.
2.Gran sorpresa he recibido con Priapo, aunque en mi subconsciente, creo que ya sabia de su existencia.
3.Lo del padre de Mirra si que es interesante, menuda borrachera que le duro 12 dias, interesante....
4.Pero lo mejor es que la tropelia la comete él, e intenta matar a su hija (una de dos o el alcohol le mato la unica nuerona que le quedaba o no solo tomo alcohol)
5. A todo esto ademas de un pedazo puto era una coneja como no he visto. Y mira que sabia que habia tenido algun hijo que otro, pero dios como procreaba.
Bueno creo que como comentario esta bien. Besos.
Pd: Como ves ya encontré las entrdas