11 nov. 2008

El Hombre y las Hembras. Capítulo 1: La manada.

Manada, con N, no con M, mentes sucias. Y es que si algo caracteriza fundamentalmente al macho ibérico es la formación de grupos, más o menos numerosos, para ayudarse recíprocamente en sus tareas de caza. Esto implica, claramente, una perfecta sincronización entre los cazadores, así como una gran solidaridad entre los miembros de la manada, sobre todo porque dado el caso de que dos machos ibéricos decidan atacar a una misma presa, podría llegar a desatarse una lucha entre ambos machos cazadores de dimensiones inimaginables. Bueno, sí son imaginables: pelea en la puerta del garito en cuestión, con intervención del gorila de la puerta y los municipales si la cosa se desmadra demasiado. Claro que esto es más habitual entre miembros de manadas rivales que entre miembros de la misma manada, ya que, como todos los grandes zoólogos saben, todo grupo tiene un macho alfa al que el resto siguen. Y la capacidad de la manada la rige la capacidad del macho alfa.

Así que sin más dilación os pasaré a relatar los hechos acaecidos el pasado sábado en un garito cualquiera del barrio de Alicante, digo uno cualquiera por no especificar que era el Ay, Carmela, pero, ya puestos, lo decimos. Después de una noche lluviosa, y de estar a punto de volvernos a casa debido al chaparrón, nos vimos sorprendidos por una súbita calma en la lluvia, así que Manu y yo decidimos volver a encarar el camino hacia el Barrio con el único fin de pasar una noche de sábado como hacia tiempo que no pasábamos, simplemente dando vueltas sin rumbo fijo. A eso de las dos de la noche acabamos en el susodicho local y nos situamos al lado de un relativamente numeroso (creo recordar unas doce de varias edades) de jóvenes damiselas que no parecían necesitar a ningún moscón rondándolas.

A partir de aquí, leed como si Félix Rodríguez de la Fuente narrase la historia, mientras de fondo suena la sintonía de "El Hombre y la Tierra"...

Las hembras, despreocupadas, se desplazan en manada mientras un grupo de machos ibéricos jóvenes se adentran en su territorio. Las hembras más fuertes del grupo, en previsión del peligro que pudiesen correr sus compañeras más jóvenes y menos experimentadas toman posición, de modo que se forma una muralla entre los jóvenes machos y las hembras más débiles. Pero los jóvenes machos, cegados por la adrenalina vertida en la caza, no se percatan del movimiento estratégico de las hembras. Y comienza la batalla.

En un momento dado, el macho alfa decide dar comienzo a la caza con un ritual basado en una serie de movimientos palmarios, cual foca monje en pleno ritual de apareamiento. El resto de machos le acompañan en esta especie de ataque epiléptico de masas. Poco rato después, el más débil de los machos, elemento claramente sacrificable por el grupo (debido fundamentalmente a que su sangre debe estar diluida en una mezcla de alcohol y THC), se lanza al ataque sobre una de las hembras más fuertes del grupo. Movimiento mal calculado. El macho alfa no se percata del error de su compañero, debido a que se encuentra, asímismo, lanzando su más feroz ataque sobre otra de las hembras. Gravísimo error. Cuando se percata de la situación el macho más débil ha sido gravemente herido por una terrible coz (en su ego, aunque tal y como va puede que ni la haya notado). El macho alfa, por su parte, no corre mejor suerte: su presa, aprovechando el repentino despiste del cazador, también lo ha dejado malherido. Los jóvenes machos deciden apartarse unos momentos, para recuperarse de su primer fallido intento e intentar atacar a continuación...

Pero tal y como quedó demostrado con Matrix Reloaded, segundas partes nunca fueron buenas, y tras un segundo intento con resultados más lamentables que en el anterior los jóvenes machos se batieron en retirada, como hienas heridas y hambrientas...

Y, por el momento, Félix Rodríguez de la Fuente se retira...

Más o menos así es como transcurrió aquella escaramuza. Por cierto, las chicas resultaron ser unas jugadoras de voleybol muy simpáticas, pero había que saber que teclas tocar y, precisamente, hablar con ellas de las hienas acechadoras que acababan de salir por piernas fue un buen tema de conversación. Si es que no hay nada como el método científico: observación, análisis y experimentación...

1 comentario:

Marisabidilla dijo...

jajaja hay machos que nunca aprenden.

Lo de leerlo como si lo estuviera relatando Rodríguez de la Fuente es todo un puntazo.

Besos mil