17 dic. 2008

El Escorial no se construyó en un día... ni en dos tampoco...

A lo largo del último mes, por si en mi casa pasara poco ya de por sí juntando mi situación de parado, la enfermedad de Señora Madre y un frío que pela debido al cambio climático (y a la crisis, porque no hay ganas de encender la calefacción para que no nos crujan con la factura de la luz; además de que está de moda echarle la culpa de todo a la crisis y yo no iba a ser menos), ahora, además, estamos pasando por una de las peores situaciones que puede pasar cualquier familia media española: estamos de obras.

Para empezar os diré que en absoluto es por gusto y gana, resultan del todo necesarias casi obligatorias. Hace cosa de un mes apareció por casa el revisor del contador del agua y muy amablemente nos dejó una pequeña nota donde decía que habíamos consumido agua en exceso, lo que podía acarrear una multa, y que si no se debía a causas naturales, debíamos tratar de ponerle solución de inmediato, vamos, que debía haber una fuga (y en ese momento me imaginé a Michael Scofield metido dentro de las paredes de mi casa...). Hace un mes repito. Ese mismo día nos pusimos en contacto con nuestro seguro del hogar (oigh, que fino), que al día siguiente nos mandó un fontanero para ver. Hasta hoy.

Digamos que la fuga, en realidad son dos. Bueno, eran dos. La primera, localizada dos semanas y media después de la primera intervención (olé los huevos del albañil que la encontró, porque el périto nos dijo que llamaramos nosotros a nuestro fontanero y a nuestro albañil para que ellos se encargaran de la reparación, ya que su fontanero no la encontraba el pedazo de... me callo), se encontraba en una tubería de agua caliente, que toda la familia sabíamos que debía ser la causante del problema (pero el fontanero del seguro decía que no, porque él no veía ninguna humedad, el muy... me callo). Reparada y sin problemas...

Los cojones, sin problemas. Al día siguiente nos dimos cuenta que el contador del agua seguía girando con todos los grifos cerrados, por lo que llegamos a la conclusión que debía haber otra fuga (lo que debía querer decir que ya estábamos en la tercera temporada de Prison Break). Después de confirmar que no se trataba del agua caliente de nuevo, pasamos a comprobar la fría. Bien, redujimos la búsqueda a la mitad de las tuberías de la casa; algo es algo. Descartamos las tuberías del piso de arriba, por dos motivos: son más nuevas y no habían manchas de humedad. Mejor, sólo nos queda el agua fría del piso de abajo. Claro que sería mejor si no fuese por un pequeño problema: No tenemos ni puta idea de por donde van las tuberías. Ni nosotros ni el fontanero que hizo la instalación (y mucho menos el fontanero del seguro, el cacho... me callo).

La cosa está en que entre todos (albañiles, fontanero y nosotros mismos) hemos llegado a la sabia conclusión que lo mejor que podemos hacer es cambiar las tuberías por completo. Y ahora mismo mi cabeza no da más de sí de los martillazos que llevo soportando durante toda la mañana. Y lo que me queda...

Por cierto, la lavadora también está rota, si sabéis de un técnico barato y bueno...

1 comentario:

Elisa dijo...

Pero...a mi lo que me sorprende es que el trabajo de fontanero todavía exista...hace muchos muchos años -por suerte- que no conozco a un fontanero...paciencia y buen humor! besos