22 feb. 2009

Amo de casa

Como ya comenté hace algún tiempo Señora Madre tenía que pasar por quirófano. Pasar, lo que se dice pasar, pasó. Dos horitas de intervención directa en la base del cráneo, no para solucionar un problema (tiene el bulbo raquídeo algo hundido dentro de la columna vertebral lo que tiende a provocarle dolores y cansancio extremo), sino para evitar que avanzara. Y Señora Madre, que otra cosa no, pero temeraria es un rato largo, pues se emocionó cuando le dieron el alta a los cuatro días de la operación. Normal, claro está, teniendo en cuenta que ella es de las que no sabe esta quieta. Por suerte no volvió en pleno uso de sus facultades y los primeros días se lo tuvo que toma todo con mucha calma, y, además, aprovechó para que fuese yo el que se encargase de las cosas de casa. Venganza kármica, digo yo.

Lo cierto es que nunca me ha desagradado hacer las tareas de casa, pero soy, como diríamos en pocas palabras,... vago de cojones. Las cosas claras que a mí no me gusta ir con medias tintas. Así me tocó pasarme la primera media semana limpiando, cocinando, poniendo lavadoras, y un largo etcétera de tareas domésticas que, hasta ese momento hacía muy de tanto en tanto (salvo la limpieza de la cocina de la que a me encargaba diariamente después de comer). Todo menos planchar, y no es que me niegue a aprender, pero no quiero tener que salir corriendo de mi casa en llamas por mi culpa, que queréis que os diga...

La cosa está en que de momento he tenido que parar en mi búsqueda de clientes, que, todo sea dicho, estaba resultando bastante fructífera, y es que en poco más de tres semanas ya empezaba a faltarme tiempo. Además, a mitad de semana Señora Madre se convirtió de la noche a la mañana (literalmente, porque por la noche estaba en perfecto estado y por la mañana no) en una especie de surtidor de fluidos corporales: después de haberle quitado todos los puntos y de comprobar que todo parecía estar en buen estado, la herida se puso a supurar de forma bastante abundante, con lo que tuvo que volver al hospital y le tuvieron que poner un punto de sutura sin anestesia ni nada (con lo que otra vez se tiró dos días de dolores extremos). 

De todas formas no hay mal que por bien no venga: estoy mejorando mis, ya de por sí, excelentes dotes culinarias. Si es que no tengo abuela...

P.D.: Cuando recupera mi tono humorístico os lo haré saber, a ver si el cambio de colchón sirve para algo...

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