5 ago. 2010

Veranos

Lo reconozco: últimamente estoy algo cambiado. Decir esto para mí no es fácil. Bueno, no lo era, porque lo que es ahora me resulta de lo más cómodo. Lo mejor de esto de cambiar de vida es que de repente te encuentras haciendo cosas totalmente inesperadas o sorprendentes para ti. Y lo mejor es que me gusta mucho.

El mes pasado empecé con un trabajo nuevo, algo temporal, sólo para julio y agosto. Un trabajo que nada tenía que ver con reparar ordenadores. Cuando llevas más de cinco años reparando ordenadores, cualquier otro trabajo te parece poca cosa; cuando llevas más de cinco años arreglando ordenadores y decides darle otro aire a tu vida, cualquier trabajo es el trabajo más maravilloso del mundo. Y yo lo he encontrado. Puede que también tenga que ver el grupo de gente con quien me paso todas las tardes, y es que, salvo con un compañero, me llevo genial con todo el grupo. No es que me lleve mal con ese compañero, es que somos "caracteres incompatibles", para ser más exactos ambos somos bastante arrogantes. Arrogante. Hace tres meses ni siquiera me hubiese planteado si yo era o no arrogante: ¡por supuesto que no lo era! Hace un par de semanas una compañera (la que me consiguió el trabajo) me dijo que la imagen que yo ofrecía a aquellos que no me conocen es de excesiva seguridad y arrogancia. Esa es una de las máscaras que nos ponemos para no parecer débiles. El problema es que por no parecer débiles ante los demás, sufrimos por nuestro orgullo. Han tenido que pasar 29 años para darme cuenta, pero mejor que hayan pasado 29 que no 89.

Supongo que todo tiene que ver con ese cambio de vida. Quizás seguiría con la misma vida de antes, encerrado en mí mismo, añorando otra vida diferente, pero sin poner los medios para vivirla. Ahora, al menos, me doy cuenta de cómo soy en realidad. Mis amigos me dicen que me encuentran más centrado, algunos incluso que me ven más atractivo (si no fuera porque eso me lo dijo un colega delante de su novia me podría, incluso, haber sentido halagado). Me cuesta menos decir las cosas que siento , porque le doy muchas menos vueltas a la cabeza de lo que era habitual en mí. Antes perdía demasiadas oportunidades pensando en que pensarían los demás. Lo importante es lo que siente uno mismo. Daba muchas cosas por supuestas y no sentía la necesidad ni de saber ni de hablar de ciertos temas. En las últimas semanas he llorado de alegría delante de mis amigos y de gente que apenas conozco. Soy otro.

Empezaba esta entrada recordando algunos de los veranos de mi vida. Cuando aún estaba en el instituto tuve los "Veranos de P". Fueron dos veranos que me los pasé intentando olvidar a P, pero en cuanto volvía a verla me desmoronaba y volvía a caer. Más tarde se produjo el "Verano de P'". Cómo seguía sin aprender de mis errores volví a caer como un tonto o peor. El último de esos veranos fue hace dos años y lo pasé realmente mal. El "Verano de MC" dejó muchísima huella en mí y quizás fue el que me planteó empezar a cambiar de vida. Y ahora estoy aquí, en mitad de lo que se podría haber llamado el "Verano de M", pero esta vez es diferente. Esta vez no me importa que pueda pasar. Esta vez todo es nuevo para mí, de todo se aprende y todo es bueno.

Esta vez voy a disfrutar el verano...

1 comentario:

Helena dijo...

Espere que em caiga bé el teu jo nou... :P

PD: jo, això de la arrogància, mai ho hauria dit, fixa't tu lo que es pot descobrir sense llegir a Freud, eh? jejeje